Cicerón, político romano, y el gran error de buscar la validación ajena: «Nadie puede darte un consejo mejor que tú mismo»

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Es muy habitual, seguramente más de lo que muchas personas pueden llegar a pensar, ver a la gente experimentar dudas constantes sobre sus capacidades, su valía y las decisiones que toman. La falta de autoconfianza se ha convertido en un rasgo cada vez más visible en muchas personas en la sociedad actual. Una inseguridad que afecta al ámbito individual, a las relaciones sociales y al rendimiento en el trabajo o los estudios. La presión social hace mucho, magnificado por el uso masivo de las redes sociales, que en muchas ocasiones nos muestran versiones idealizadas de la vida que en poco o nada se parecen con lo que verdaderamente nos encontramos. Así, estas comparaciones acaban por erosionar la autoestima de muchas personas, junto con la sensación de no alcanzar el éxito, al fijarse metas elevadas y poco realistas que lleva a muchas personas a sentir que el esfuerzo destinado nunca es suficiente. Para tratar de levantar el ánimo se puede acudir a épocas pretéritas. Por ejemplo, a las palabras de Marco Tulio Cicerón, filósofo romano, que invitan a reflexionar sobre la importancia del autoconocimiento y la capacidad de juicio personal. Cicerón (106-43 a.C.) defendía la virtud del autoconocimiento y la voz interior como guía superior a opiniones ajenas. En una época marcada por la retórica, la política y la filosofía, esta afirmación resaltaba la idea de que cada individuo posee una comprensión única de su propia situación. Si bien el consejo externo puede aportar perspectivas valiosas, Cicerón sugiere que la decisión final debe nacer de una reflexión interna de cada uno con la experiencia personal como elemento fundamental. Unas palabras perfectamente aplicables en la actualidad, dada la sobreexposición a la información o recomendaciones constantes a través de las redes sociales. La frase de Marco Tulio Cicerón adquiere un valor renovado, al recordarnos que, a pesar del ruido externo, cada persona sigue siendo la que mejor conoce sus circunstancias y sus propios límites. Es evidente que buscar la validación ajena puede tener algunos beneficios, como reforzar la motivación cuando el reconocimiento es positivo o ayudar a mejorar habilidades a través del feedback recibido, sin embargo, al mismo, puede generar una dependencia emocional o esa inseguridad o sensación de vacío que Cicerón trata de frenar con frases como esta.