Ante los expositores relucientes y surtidos de móviles en la Fira Gran Via es difícil pensar en la escasez. Pero todo el esplendor de novedades del Mobile World Congress, que se celebra estos días en Barcelona, vive con una incertidumbre latente. La carestía de chips de memoria, que arrastra la industria de los semiconductores, es una bomba de relojería para los smartphones.Seguir leyendo