El 10 de junio de 1933, José Manaut Viglietti entró en el Círculo Federal, un lugar de encuentro habitual del republicanismo madrileño, y se sentó al lado del cadáver amortajado de la niña prodigio Hildegart Rodríguez. El pintor valenciano sabía que tenía poco tiempo antes de que cerraran el ataúd y comenzara el cortejo fúnebre hacia el Cementerio Civil de la capital. Sacó papel, carboncillo y lápices de sanguina e hizo varios dibujos de la joven de 18 años que la noche anterior había sido asesinada por su madre. Casi un siglo después, tras años custodiadas por la familia del artista, dos de esas piezas se expondrán a partir del 4 de marzo en el estand de la galería José de la Mano en Arco, la feria madrileña de arte contemporáneo, que se inaugura este miércoles. Seguir leyendo