La primavera de 2022 fue desdichada para Carme Guilló. Primero sufrió una lumbalgia y después, cuando ya estaba recuperándose, llegaron los “insoportables pinchazos” del herpes zóster. “Lo peor es que el dolor en el costado derecho, entre el pecho y la espalda, nunca se fue”, cuenta esta exempleada de la Universidad de Barcelona de 77 años, que ahora siente que su jubilación se ha truncado. “Al vestirme, el roce de la ropa me duele tanto que no puedo evitar chillar. Cuando estoy leyendo tranquila, de repente me vienen como cuchilladas. Solo lograba dormir cinco horas seguidas con morfina, pero ahora me la han retirado. He tenido mala suerte y ya no creo que mejore”. Seguir leyendo