Es sábado por la noche en Manila, pero Chris, que a sus 25 años acaba de terminar un máster, no se dispone a salir de fiesta. Le espera su silla en un call center, así que apura un plato de comida callejera antes de afrontar un incesante aluvión de llamadas procedentes de Estados Unidos. Desde un rascacielos en el moderno barrio de Makati, Chris solventará las dudas de clientes que viven al otro lado del Pacífico, donde apenas está amaneciendo. Lleva cuatro años en la empresa Concentrix —a la que subcontratan grandes compañías financieras o tecnológicas— y cobra 290 euros al mes. Seguir leyendo