El Gobierno español se ha mostrado crítico con la guerra iniciada por EEUU e Israel. En términos ideológicos, el planteamiento del Ejecutivo de Pedro Sánchez es coherente. Alinearse con la posición de la ONU ante las guerras resulta lógico. Pero la ética parece en horas bajas y la ética política choca todavía más con intereses que poco tienen que ver con la ideología. La guerra de Irán es una guerra fundamentalmente económica, pero con hidras culturales importantes. Irán es un régimen detestable, algo evidente tras los miles de muertos por la represión de las protestas de los últimos meses. EEUU e Irán han protagonizado el trabajo sucio de atacar a Irán. Sin equidistancias, ni uno ni otros cumplen con estándares éticos suficientes para muchos. Hace algunos años hay que recordar que economistas como Xavier Sala-i-Martin o Santiago Niño Becerra abogaban para que grandes economistas y directivos tomasen las riendas de la política. Tomen nota lo que ocurre cuando hombres como Donald Trump asumen el poder y toman decisiones en nombre de todos. La ética de los negocios tiene poco de lo primero en favor de lo segundo.Seguir leyendo....