Parece que el gran muro de la movilidad eléctrica, ese de las esperas eternas en el cargador, acaba de agrietarse seriamente. Con el nuevo Denza Z9 GT, la marca china asegura que podemos recuperar la batería del 10 al 100% en solo nueve minutos, una cifra que pone en jaque cualquier argumento sobre la lentitud de los repostajes.Para alcanzar semejante rendimiento han recurrido a una tecnología que utiliza compuestos de fosfato de hierro-litio, una decisión que permite sacar de la ecuación metales caros como el cobalto o el níquel. Esto ayuda a que la fabricación de estas celdas sea más barata, pero el verdadero reto aparece al intentar que el coche no salga ardiendo al recibir tanta corriente de golpe.El castigo físico de las celdas y un sobreprecio europeo difícil de digerirLa clave para aguantar este flujo está en un diseño de cátodo que logra reducir la resistencia para que el calor baje a la mitad durante el proceso. Todo esto suena a magia, pero meterle semejantes chutes de energía al vehículo tiene una letra pequeña que destroza la salud de la batería a largo plazo.Diferentes análisis confirman que abusar de los postes ultrarrápidos machaca los materiales internos sin ningún tipo de piedad. Someter al acumulador a este estrés térmico diario provoca que la química interna se degrade el doble de rápido que si optamos por una carga lenta y calmada en el garaje de nuestra propia casa.Dejando los enchufes de lado, el coche despliega una fuerza bruta que asusta, gracias a un sistema de tres motores que entrega más de mil caballos de potencia. Semejante despliegue permite que este peso pesado sea capaz de pasar de cero a cien en tan solo 2,7 segundos, alcanzando una velocidad punta de 270 kilómetros por hora.Aunque las prestaciones asusten, la autonomía oficial se queda en seiscientos kilómetros, una cifra que no es para tirar cohetes. Además de llevar un sensor en el techo para la conducción autónoma, el sistema permite que las ruedas traseras actúen de forma independiente, facilitando maniobras bastante espectaculares en espacios que son muy reducidos.Gracias a ese movimiento de ejes, el coche puede desplazarse lateralmente o girar sobre sí mismo para aparcar en huecos casi imposibles. El problema real llega al mirar la etiqueta del concesionario, porque mientras un conductor chino paga unos cincuenta mil euros, traerlo a Europa implica pagar el doble de su valor original.Si quieres matricular uno en España te tocará desembolsar 115.000 euros de salida, una cifra que asusta. La marca justifica este precio diciendo que quieren pelear directamente contra Porsche o Polestar, pero convencer a alguien de gastar seis cifras en un logotipo totalmente desconocido va a ser una tarea muy complicada hoy.