Una novillada para el recuerdo

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Hay tardes que se recuerdan por un nombre propio. Y otras —las que de verdad importan— que quedan fijadas en la memoria por la obra colectiva de una ganadería. La novillada de Alejandro Talavante en Sevilla fue de esas. Extraordinaria en su conjunto, con clase, fondo y emoción. Pero también con algo más difícil de explicar: con alma. Porque esta novillada no empezó a las seis y media. Empezó una semana antes, en la Real Venta de Antequera, donde los animales aguardaron, se enseñaron y se dejaron ver sin prisas. Donde el aficionado pudo medirlos en el silencio del corral. Y quizá por eso llegaron a la Maestranza con otro poso. Con otra verdad. No fue una novillada más. Fue... Ver Más