Afable, sin perder la sonrisa en ningún momento y sin un ápice de suntuosidad, así se ha mostrado el artista Jaime Monge hablando con un numeroso grupo de periodistas que hemos tenido la suerte de verle en acción pintando sus tradicionales 'personajes' como a él le gusta llamarlos sobre un Opel Frontera. También de poder ver en persona una de sus últimas obras, 'Twister', que será subastada en la próxima gala Global Gift, sin duda un hito importante en su carrera, tanto como el de que Jeff Bezos tenga una pieza suya en su casa, pero menos emocionante a nivel personal que el hecho de haber pasado del lienzo al 3D y estar ya trabajando en sus primeras esculturas, algo que, junto a su hijo, es lo que más le ha hecho sonreír en la charla que ABC ha podido tener con él: - Eres arquitecto de formación, pero terminaste dedicándote a la pintura. Cuando empezaste, ¿imaginabas llegar hasta aquí? - Para nada. Nunca ha sido un objetivo. Mi objetivo siempre fue pintar. Cuando empecé a conectar con la gente —más allá de vender obra, que al final es una consecuencia— lo que realmente me emocionó fue ver cómo muchas personas se identificaban con mis cuadros. Me contaban historias cuando veían una obra mía o cuando la colocaban en sus casas y eso generaba momentos emocionales especiales. Para mí eso es lo más importante. - Esa conexión con el público parece muy central en tu trabajo. - Totalmente. Para mí el arte es una forma de expulsar todo lo que tengo dentro: emociones, experiencias o conceptos que quiero tratar. Pero lo más importante es que la gente lo entienda, que conecte con la obra, que la capte rápidamente y que disfrute mirándola. Eso es lo que más orgullo me produce. - En tu obra aparecen constantemente esos personajes que se repiten. ¿Cómo nace ese lenguaje visual? - Yo vengo de la arquitectura y siempre he creado pensando en las personas. Tanto cuando pienso la obra como cuando la represento, parto de conceptos muy humanos. Me interesa hablar de temas que están presentes en la sociedad y representarlos a través de escenas cotidianas. Esos personajes somos todos: masas humanas que se comportan de forma muy normal, muy nuestra. Ese lenguaje me permite hablar de esos conceptos. - Entre tus coleccionistas hay nombres muy conocidos. Incluso una obra tuya pertenece a Jeff Bezos. ¿Te sientes cómodo con la etiqueta de «pintor de los famosos»? - Yo me identifico como pintor. Es verdad que tengo la suerte de que entre mis coleccionistas haya gente muy conocida del mundo del cine, de la música o del deporte. Pero para mí es igual de emocionante que una obra pequeña llegue a una casa humilde que una obra grande termine en el barco de Jeff Bezos. La intención es la misma en ambos casos: que la persona conecte con la obra. -¿Es accesible tener una obra tuya o está reservado a grandes coleccionistas? - Intento democratizar el arte en la medida de lo posible. Me gusta que todo el mundo pueda tener, aunque sea una pieza pequeña, algo que represente mis conceptos. Pero también creo que el arte hay que buscarlo emocionalmente. No se trata solo de llenar un espacio, sino de querer tener esa emoción en casa. - Últimamente también has empezado a trabajar en escultura. ¿Da vértigo explorar un nuevo formato cuando la pintura ya funciona? - Todo forma parte de un proceso de evolución. Incluso dentro de la pintura hay riesgo cuando cambias formatos, series o formas de expresar los conceptos. La escultura es un paso más. Mi objetivo es vivir entre los dos mundos: el 2D y el 3D, el lienzo y el espacio. Al venir de la arquitectura, yo imagino todo en tres dimensiones. - Has hablado también de tu hijo como una influencia en tu obra. ¿Qué papel juega en tu proceso creativo? - Un papel muy importante. Mi obra está muy conectada con la inocencia y con los recuerdos. Es un lienzo lleno de memorias y momentos que me transmiten felicidad. Mi hijo me ha hecho volver a muchos de esos conceptos y revivirlos de una forma muy directa. - De hecho, algunas de tus últimas obras hablan de juegos de infancia. - Sí, todas tienen algo de infancia y él es muy responsable de eso. Gracias a él estoy retomando conceptos relacionados con la inocencia y con momentos que quizá pertenecen a etapas anteriores de mi vida. - ¿Él opina sobre tu trabajo? - Todavía es pequeño, tiene dos años y medio, pero ya sabe que papá hace «muñequitos». Cuando ve una obra mía dice «papá», y eso me encanta porque empieza a asociar el arte con su artista. - Para terminar, después de todo lo que has conseguido, ¿te queda algún sueño por cumplir? - Me gustaría trascender fronteras y llevar mi obra a otros países. Ahora tengo la oportunidad de participar en una residencia artística en México, en Tulum, y después exponer en Ciudad de México. Quiero salir de mi zona de confort, conocer otros mercados, otros artistas y otras culturas. Y otro gran objetivo es seguir explorando el espacio, trascender el lienzo y desarrollar más trabajo en escultura.