San Vicente Ferrer, dominico valenciano: «Predica con tu vida antes que con tus palabras»

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Ya en el siglo XIV San Vicente Ferrer estaba defendiendo la coherencia como uno de los valores más respetables de la persona. Este sacerdote dominico vivió entre 1350 y 1419 y se ganó el respeto de su pueblo al implantar las medidas que su fe le exigía ante cada problema, no sólo de palabra sino con acciones. El pasado 5 de abril se hubiera celebrado su festividad. La fecha coincidió con el Domingo de Resurrección y, en estos casos, la liturgia pospone su memoria al segundo lunes de Pascua, el 13 de abril. Este valenciano vuelve a la primera línea por su ejemplo de santidad y por ser el patrón de la Comunidad Valenciana. Una de las enseñanzas de este fraile recupera fuerza en nuestros días. Es la relacionada con el equilibrio entre saber y hacer: «Predica con tu vida antes que con tus palabras». Este conocida cita de su doctrina significa que tus acciones y tu comportamiento cotidiano deben reflejar tus valores y creencias más que tus discursos o consejos. Es una invitación a la integridad, indicando que el ejemplo personal es más poderoso y persuasivo para enseñar o influir en otros que la simple oratoria. El santo explica que la coherencia implica vivir de acuerdo con lo que recomiendas a otros. No se trata solo de hablar de moral o buenos hábitos, sino de practicarlos. Esta es una de las aportaciones esenciales del cristianismo a la religión. El ejemplo más persuasivo es el que se percibe en el otro. Por algo el refranero español escribe que «Una imagen vale más que mil palabras». La gente tiende a seguir lo que ve antes que lo que escucha, especialmente en la infancia o el liderazgo profesional. Otro refrán que llama a la integridad es «Obras son amores y no buenas razones». Este dicho popular quiere decir que el verdadero afecto, interés o compromiso se demuestra con acciones concretas, no con palabras bonitas, promesas o excusas -las razones-. Destaca que los hechos son más valiosos y creíbles que la palabrería. El testimonio de vida llama a otros a imitarte, para bien y para mal, en todas las facetas de una persona. Se puede influir de forma efectiva en las decisiones diarias más sencillas y en el carácter intrínseco. Así lo entendieron los dominicos en la época de San Vicente Ferrer. Los dominicos -también llamados Orden de Predicadores- tienen como pilar fundamental la enseñanza, la predicación y el estudio. Desde su fundación en 1216 continúa con una larga tradición educativa enfocada en las ciencias religiosas y la evangelización. San Vicente Ferrer tomó el hábito dominico a los 17 años. Desde entonces, su formación estuvo doblemente enfocada en la obtención de sabiduría y la compartición de estos conocimientos con los más necesitados. La palabra junto a la acción hicieron de su obra una marcada por la accion social. Un hito que se recuerda estos días es la fundación del primer orfanato del mundo registrado en la historia europea, en su ciudad natal, en Valencia. El centro todavía sigue en pie y aciendo a niños en necesidad. San Vicente Ferrer predicó en Italia y Francia, falleció en Vannes el 5 de abril de 1419. Fue canonizado en 1455 después de realizar varios milagros de curación, algunos en vida, como a los 9 años. Murió soñando con regresar a Valencia y, por ello, dedicó unas últimas palabras a su tierra. Este testamento se tiene como la última declaración de amor a la ciudad que le vio nacer y le enseñó la fe que vincularía su vida. «¡Pobre patria mía! No puedo tener el placer de que mis huesos descansen en su regazo; pero decid a aquellos ciudadanos que muero dedicándoles mis recuerdos, prometiéndoles una constante asistencia. y que mis continuas oraciones allí en el cielo serán para ellos, a los que nunca olvidaré. En todas sus tribulaciones, en todas sus desgracias, en todos sus pesares, yo les consolaré, yo intercederé por ellos. Que conserven y practiquen las enseñanzas que les di, que guarden siempre incólume la fe que les prediqué, y que no desmientan nunca la religiosidad de que siempre han dado pruebas. Aunque no viva en este mundo, yo siempre seré hijo de Valencia. Que vivan tranquilos, que mi protección no les faltará jamás. Decid a mis queridos hermanos que muero bendiciéndoles y dedicándoles mi último suspiro».