Seis semanas de guerra en Irán y bloqueo del estrecho de Ormuz, por donde transita un quinto del petróleo y el gas licuado que consume el mundo, dejan al mundo ante un escenario propio de la saga Mad Max, con una sociedad colapsada ante la escasez de combustibles. Eso aún queda lejos, pero el horizonte está plagado de preocupantes interrogantes. Varios países del Asia emergente, los más dependientes del petróleo de Oriente Próximo, llevan semanas racionando combustibles. Y el desabastecimiento empieza a golpear en Europa: en Francia una de cada cinco gasolineras ha sufrido escasez de algún tipo de carburante, y los grandes aeropuertos del continente acaban de avisar de que si el tránsito por Ormuz no se reanuda “en las tres próximas semanas, la escasez generalizada de queroseno se convertirá en una realidad para la UE”. Una nueva realidad para la que España parece bastante mejor equipada.Seguir leyendo