Hace 30 años que se proclamó en Barcelona la Declaración Universal de Derechos Lingüísticos, un documento que se ha convertido en herramienta de referencia para la protección de la diversidad lingüística y de los idiomas no hegemónicos en instituciones, gobiernos, universidades y movimientos sociales de todo el mundo. En su día fueron el PEN Català y el Centre Internacional Escarré per a les Minories Ètniques i les Nacions (CIEMEN) quienes lideraron su impulso con el apoyo de unas 60 entidades. Ahora son estas mismas organizaciones quienes quieren actualizarlo para adaptarlo a los nuevos desafíos -como la inteligencia artificial-, pero también a las amenazas reales que pesan sobre la diversidad lingüística, a veces desde las propias instituciones.Seguir leyendo....