Hubo un tiempo en que declarar tu fe era el equivalente estereotipado de ir con zapatos náuticos a la playa de la Barrosa o que te gustara algo tan nauseabundo como la pizza con piña. Desde estrellas del pop que llenan estadios hasta influencers que antes solo rendían culto al ácido hialurónico, el posicionamiento público de la fe está viviendo