La estación de tren belga que encabeza la lista de las más bonitas del mundo

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La segunda ciudad más poblada de Bélgica espera al visitante a menos de una hora de su capital, Bruselas. Si bien, en ocasiones, se ha podido ver eclipsada por otros destinos como Gante o Brujas, Amberes no tiene nada que envidiarlos, pues cuenta con un rico patrimonio y una larga lista de atractivos como su Plaza Mayor (Grote Markt) con edificios renacentistas, la Casa Museo de Rubens –uno de los pintores barrocos más importantes del norte de Europa–, la Catedral, cuya construcción se prolongó por dos siglos, o el barrio de los Diamantes. La mejor forma para llegar hasta esta joya de la región de Flandes es en tren, pues la visita comienza nada más bajarse de este en la que es una de las estaciones de tren más bonitas de toda Europa y del mundo, la Antwerpen Centraal. Visto este majestuoso edificio, cuyo encanto llevó a Peter Kruger a realizar un documental sobre este, se podrá tomar cualquiera de sus salidas para comenzar a explorar la ciudad, siendo la que da a la plaza Astrid la principal y la mejor opción para sacar una fotografía de la terminal ferroviaria. En 1836 se inauguró la línea ferroviaria Malinas-Amberes y el primer tren que llegó a este destino lo hizo a una pequeña y modesta estación de madera. Este edificio fue reemplazado por uno más grande en 1855, cuando se completó la ruta hacia los Países Bajos para dar servicio al creciente tráfico ferroviario. Pero, no sería hasta 1895 que comenzarían los trabajos para dar forma a la también conocida –por su monumentalidad– como la Catedral del Ferrocarril . La primera parte de las obras que se extendieron hasta 1899 se centraron en la marquesina del andén que, con 66 metros de ancho y 186 metros de largo, fue diseñada por Clement van Bogaert . La altura de 44 metros del techo abovedado de cristal con soporte de metal de la marquesina fue todo un prodigio para la época que, además, evitaba que el vapor de las antiguas locomotoras cayera sobre los pasajeros. La segunda parte se llevó a cabo desde 1899 hasta 1905, momento en el que finalmente fue inaugurada la estación. Durante estos años se levantó el edificio de piedra bajo el proyecto del arquitecto Louis Delacenserie , conocido por transformar el paisaje urbano de Brujas con su estilo neogótico. Se dice que para la Antwerpen Centraal este se inspiró en la estación suiza de Lucerna, construida en 1896, y en el Panteón de Roma. Una vez en el interior del edificio, el pasajero no sabrá dónde posar la mirada primero. Con una gran cúpula de 75 metros de altura , revestimientos de más de 20 tipos de mármol, vidrieras, columnas y escalinatas que le dan cierto aire palaciego, la construcción muestra elementos neorrenacentistas e influencias del Art Nouveau y del neobarroco, lo que da como resultado un collage arquitectónico de gran interés. El complejo que consta de tres espacios, la estructura de mampostería elevada sobre el nivel del suelo sobre la que se extienden las vías del ferrocarril, la sala de trenes cubierta para llegadas y salidas y el edificio de la estación propiamente dicho, se desarrolló durante el reinado de Leopoldo II , quien, en su empeño por proyectar una imagen de Bélgica como un país moderno, rico y poderoso, impulsó una política de grandes obras monumentales por todo el territorio, entre las que se incluyó este. Con el tiempo, la estación se fue deteriorando hasta llegar a un punto en el que se planteó hasta su demolición. Finalmente, y por suerte para la ciudad, fue declarada Monumento protegido en la década de 1970 y a partir de 1986 se renovó gran parte de la estructura. Entre los años 2000 y 2009 se duplicó la capacidad del vestíbulo ferroviario, incluyendo andenes en dos niveles subterráneos. Inicialmente, la de Amberes era una estación terminal, es decir, que era el punto final del trayecto, pero en 2007 se abrió un túnel bajo esta para permitir el paso de trenes. Hoy día cuenta con cuatro niveles, 16 vías con conexiones que se extienden por toda Europa y un conjunto de tiendas, cafeterías y restaurantes donde los pasajeros pueden pasar el rato antes de partir a su próximo destino. Entre las últimas mejoras se incluyó la iluminación nocturna del monumento con el objetivo de realzar los detalles arquitectónicos y aportar una sensación de forma y profundidad con énfasis en tejado, torres y cúpulas.