La alcaldesa de Palencia, Miriam Andrés, ha protagonizado un episodio que trasciende la anécdota para convertirse en categoría. En el último pleno, confesó que su Ayuntamiento «funciona de pena» (sic) y calificó de irresoluble la gestión de facturas y contratos. Atribuyó el caos a la estructura funcionarial e incluso llegó a preguntarse, con desafortunada ironía, si debía acudir con una pistola a ciertos departamentos para agilizar los trámites. Admitió, además, que las empresas acabarán por renunciar a trabajar con el consistorio. Alicientes todos ellos para que los proveedores se levanten de la cama por la mañana. Los ciudadanos pagan impuestos para que las promesas se materialicen. Una obligación básica de cualquier gobernante es garantizar el pago de la luz, las... Ver Más