Si hay un futbolista del Atlético de Madrid que se desvivió para evitar la derrota en la final de la Copa del Rey, con permiso del incombustible Llorente, ese fue Julián Álvarez . El argentino peleó como el que más, se vació en cada carrera, una oda a los valores colchoneros que encima coronó con un gol espectacular en el minuto 84, el mismo que permitió a los de Simeone mantenerse con vida y alcanzar la prórroga (asistió a Cardoso maravillosamente en la jugada que debió cerrar el duelo en el 90+1). En el tiempo añadido, para colmo, casi fulmina a la Real Sociedad con un disparo estremecedor solo desviado por la cruceta. Un abanico futbolístico inabarcable que hacía indicar que su nombre coparía todas las portadas del día siguiente. Sin embargo, el gafe que parece perseguirle desde que llegó al Metropolitano en verano de 2024 volvió a hacer acto de presencia y el de Calcín falló el segundo tiro de la tanda de penaltis , alfa de la destrucción del Atlético en La Cartuja. Una imagen muy similar a la vivida hace un año en el Metropolitano en los cuartos de final de la Champions ante el Real Madrid, cuando golpeó dos veces el balón mientras intentaba batir a Courtois desde los once metros, anomalía que llevó al árbitro a anular su diana (equivocadamente, como tuvo que aclarar después la máxima autoridad arbitral de la FIFA). En definitiva, Julián volvió a quedarse a medias a la hora de conquistar su primer título como rojiblanco. No hay duda de que el internacional es el gran emblema de este grupo, un atacante de talla mundial capaz de convertir la más asfixiante de las situaciones en una celebración grupal. Pese a todo, la ilusión se desvanece en el Atleti, que estaba listo para firmar un doblete mayúsculo y que ahora debe focalizar todas sus energías para triunfar en la laberíntica Champions League. Lo espera el Arsenal , líder de la Premier League, un complejo oponente que podría prolongar la sequía de títulos de los del Cholo un año más, siendo la Liga de 2021 su última conquista. Mala racha que, sin duda, engrandecería la incomodidad del astro. Su fatídico destino ante la Real, unido a su irregular temporada (19 goles en 47 partidos sumando todas las competiciones), no hacen más que aumentar las dudas respecto a su futuro de cara a la próxima temporada. Es cierto que Cerezo, Simeone y compañía se han hartado de asegurar que Álvarez vestirá por muchos años los colores rojiblancos. Mensajes certeros que nada tienen que ver con los manifestados por el propio jugador. «Yo que sé, nunca se sabe», aseguró el pasado 11 de marzo, tras la victoria por 5 a 2 contra el Tottenham en Champions, cuando fue preguntado por si seguiría en el Atlético la próxima campaña. Por supuesto, el Barcelona anda como loco por ficharlo. Los azulgranas lo sufrieron en sus propias carnes en los cuartos de Champions, tremendo su gol de falta directa en la ida, y, constatado que necesitan refuerzos de magnitud si quieren intentar el asalto a la cumbre europea, llevan meses monitorizando la situación de Álvarez para intentar su fichaje este verano. El problema es que su compleja situación financiera y el músculo que posee el Atlético en la misma categoría, gracias al respaldo de Apollo , disminuyen las posibilidades de que la operación pueda efectuarse.