(ZENIT Noticias / Roma, 20.04.2026).- Una nueva frontera entre la tecnología y la religión ha surgido con el lanzamiento de una plataforma digital que permite a los usuarios conversar, previo pago, con una inteligencia artificial inspirada en Jesucristo. Esta iniciativa, desarrollada por la empresa tecnológica Just Like Me, se está convirtiendo rápidamente en un punto central del debate, no solo sobre la innovación, sino también sobre la naturaleza misma de la fe.En el centro de la controversia se encuentra una función introducida en diciembre de 2025, pocos días antes de Navidad, que ofrece a los usuarios la posibilidad de entablar conversaciones de voz o video con una figura generada por IA, inspirada visualmente en una popular representación televisiva de Jesús (The Chosen) y entrenada con la Biblia Reina Valera. El servicio tiene un precio de 1,99 dólares por minuto, con paquetes de suscripción como 45 minutos al mes por 49,99 dólares. Según la empresa, el objetivo no es promover ninguna doctrina específica, sino brindar «orientación, compasión y sanación» a las personas que experimentan soledad, estrés o incertidumbre.Este posicionamiento es deliberado. La plataforma declara explícitamente que su IA está diseñada para ser inclusiva y accesible a usuarios de todas las creencias, ofreciendo aliento en lugar de instrucción teológica. Sin embargo, esta distinción es la raíz del malestar expresado por muchos observadores, particularmente dentro de las tradiciones cristianas que entienden la relación con Cristo no como un apoyo emocional generalizado, sino como un encuentro concreto mediado por la oración, las Escrituras y la vida sacramental.En la teología católica, por ejemplo, la comunicación con Cristo no se concibe como un intercambio de mensajes, sino como una relación personal arraigada en la gracia, especialmente a través de sacramentos como la confesión y la Eucaristía. Un sistema artificial, independientemente de su sofisticación, no posee conciencia, intencionalidad ni capacidad espiritual. Como han señalado varios pensadores, incluyendo filósofos que se basan en el marco de Tomás de Aquino, la inteligencia artificial no piensa ni discierne en el sentido humano; procesa datos y reproduce patrones basados en entradas previas.Esta limitación tiene consecuencias prácticas. Dado que el sistema no se adhiere a ninguna autoridad doctrinal, puede ofrecer respuestas que divergen de la enseñanza cristiana establecida. Un experimento previo en Suiza, donde una interfaz de IA simuló a Cristo en un confesionario, ilustró los riesgos: al preguntarle sobre el suicidio asistido, el sistema respondió con preguntas generales y empáticas, pero omitió enseñanzas morales fundamentales para la doctrina católica.La aparición de estas herramientas refleja una tendencia más amplia. En diversas tradiciones religiosas, los desarrolladores exploran formas de integrar la inteligencia artificial en la práctica espiritual. Algunas aplicaciones funcionan como asistentes de las Escrituras o traductores de sermones; otras intentan replicar figuras religiosas u ofrecer orientación moral. En el budismo, se han introducido robots experimentales entrenados con textos antiguos en contextos limitados, mientras que en otras tradiciones han surgido debates sobre si tales representaciones son siquiera permisibles.Las motivaciones detrás de estos desarrollos son diversas. Algunas iniciativas están impulsadas por inquietudes pastorales, buscando llegar a las generaciones más jóvenes o a quienes se han alejado de las estructuras religiosas tradicionales. Otras son más explícitamente comerciales, aprovechando lo que se considera un mercado cada vez más importante. Los fundadores de Just Like Me han reconocido ambas dimensiones, presentando su producto como una respuesta a necesidades emocionales generalizadas, a la vez que invitan a las comunidades religiosas a promocionar la plataforma a cambio de una parte de los ingresos, que según se informa, puede llegar hasta el 25 %.Esta combinación de lenguaje espiritual y modelo de negocio ha generado comparaciones con formas anteriores de comercialización religiosa, ahora amplificadas por la capacidad persuasiva de la inteligencia artificial. Sin embargo, a diferencia de los medios tradicionales, los sistemas de IA pueden simular diálogos, recordar interacciones previas y fomentar un sentimiento de conexión personal. Esta capacidad plantea nuevas cuestiones éticas, especialmente cuando los usuarios comienzan a formar vínculos emocionales con entidades que, por definición, no pueden corresponder.Algunos desarrolladores dentro del mundo cristiano han intentado establecer criterios para el uso responsable de estas tecnologías. Esto incluye la clara identificación de los sistemas de IA como artificiales, una estricta fidelidad a las fuentes bíblicas y el reconocimiento explícito de que tales herramientas no pueden reemplazar la oración ni la dirección espiritual. Sin embargo, incluso entre quienes están abiertos a la innovación tecnológica, existe una creciente conciencia de los riesgos de confundir simulación con realidad.El propio Vaticano ha manifestado cautela. El Papa León XIV se ha referido a la inteligencia artificial como un producto del ingenio humano, pero también como uno de los desafíos más críticos que enfrenta la humanidad, advirtiendo que puede afectar el desarrollo intelectual, neurológico y espiritual. Su preocupación refleja una aprensión más amplia de que, al simplificar el acceso a la información e incluso a formas de interacción pseudoespiritual, la tecnología podría erosionar inadvertidamente el esfuerzo, la disciplina y la transformación interior que las tradiciones religiosas consideran esenciales.Más allá de las respuestas institucionales, el fenómeno apunta a un cambio cultural más profundo. La figura de Jesús que presentan estos sistemas está necesariamente moldeada por las expectativas del usuario: accesible, no confrontativa, universalmente afirmativa. Es una versión de la autoridad religiosa adaptada a la lógica del consumidor, donde la guía es personalizada, inmediata y, fundamentalmente, de pago. En ese sentido, la cuestión no es solo si la inteligencia artificial puede hablar de Dios, sino si está redefiniendo lo que la gente espera de Él.Por ahora, la adopción de estas herramientas sigue siendo difícil de cuantificar. Los investigadores señalan que los datos fiables sobre su uso son escasos. Sin embargo, la tendencia es clara. A medida que la inteligencia artificial se integra más en la vida cotidiana, es probable que su presencia en el ámbito religioso se expanda, trayendo consigo tanto oportunidades como tensiones.Lo que está en juego no es simplemente la precisión de un algoritmo, sino el significado de la mediación en la experiencia religiosa. Si las tradiciones de fe han insistido históricamente en la necesidad del encuentro —a través de la comunidad, la práctica religiosa y la vida interior—, el auge de los sustitutos impulsados por la IA introduce un paradigma radicalmente diferente: uno en el que lo sagrado corre el riesgo de reducirse a un servicio, disponible bajo demanda, medido en minutos y moldeado por la lógica del mercado.Gracias por leer nuestros contenidos. Si deseas recibir el mail diario con las noticias de ZENIT puedes suscribirte gratuitamente a través de este enlace. The post Jesucristo IA: así es el dios “convertido” en Inteligencia Artificial que ya existe y apunta a reconfigurar la experiencia religiosa appeared first on ZENIT - Espanol.