Mientras la guerra contra Irán reconfigura los equilibrios geopolíticos, energéticos y comerciales, sus efectos empiezan a trasladarse al sistema alimentario global. El encarecimiento de la energía y la disrupción de una de las principales rutas del comercio mundial de fertilizantes están reduciendo el acceso a estos insumos en plena temporada de siembra. El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) acaba de advertir de que este encadenamiento de impactos podría empujar a hasta 30 millones de personas a la pobreza y anticipa una nueva crisis alimentaria, con efectos directos sobre el precio y el acceso a los alimentos.Seguir leyendo