Dos líneas que avanzaron en paralelo hasta entrelazarse: la confirmación rotunda de Borja Jiménez como nombre propio del momento y el estremecimiento provocado por la grave cornada de Morante de la Puebla. No compitieron entre sí; convivieron, se condicionaron y acabaron dando forma a una de esas corridas que definen una temporada.TE PUEDE INTERESAR: Lamine Yamal reconoce a Messi como el mejor de la historia y fija su meta en el MundialHasta el cuarto toro, el pulso de la tarde lo marcaba Morante. Su primero había sido una lección de cadencia y estética: verónicas largas, un quite de seda y una faena que se sostuvo en el temple, con ese sello personal que convierte cada gesto en algo irrepetible. La oreja concedida —con petición de la segunda— no solo premiaba una obra, sino que abría la expectativa de una tarde mayor. En paralelo, Borja Jiménez ya había dejado claro que no estaba dispuesto a ser un actor secundario. Su primero, de embestida agradecida, le permitió estructurar una faena firme, con poso, en la que destacó el tramo final al natural. Cortó una oreja que no fue un detalle menor, sino la primera piedra de una actuación de ambición.Pero el toreo, en su verdad más cruda, no admite guiones cerrados. El cuarto toro, “Clandestino”, cambió la atmósfera desde su salida. Falto de fijeza, incierto en sus acometidas, obligaba a una lidia de máxima concentración. Y fue en ese terreno donde llegó la cogida. En un arreón seco, el animal prendió a Morante y lo lanzó con violencia, alcanzándolo en el glúteo izquierdo. La escena tuvo la contundencia de lo inesperado: el cuerpo del torero zarandeado, el silencio súbito de la plaza y la certeza inmediata de que no se trataba de un percance leve.La gravedad de una cornada en esa zona no es un detalle menor. El glúteo alberga masas musculares importantes y, sobre todo, se encuentra atravesado por estructuras vasculares y nerviosas relevantes. La trayectoria del pitón, invisible en un primer momento, es lo que determina el alcance real de la herida. Puede tratarse de una lesión limpia o, por el contrario, de una cornada profunda con afectación interna. De ahí la urgencia con la que Morante fue trasladado a la enfermería, donde el equipo médico debía evaluar daños, controlar posibles hemorragias y actuar con rapidez en un espacio preparado precisamente para ese tipo de emergencias.La Maestranza quedó suspendida en un silencio que no es frecuente ni siquiera en las plazas más serias. No era solo el respeto; era la preocupación tangible.Morante, figura capital del toreo contemporáneo, abandonaba el ruedo herido, y con él se iba también una parte del hilo narrativo de la corrida. Sin embargo, lejos de diluir lo que quedaba por delante, ese momento reforzó el valor de lo que estaba ocurriendo en el ruedo.Ahí es donde la tarde de Borja Jiménez adquirió una dimensión mayor. No solo por lo que hizo, sino por el contexto en el que lo hizo. Tomó la lidia del cuarto toro y, en un gesto cargado de significado, brindó la faena al torero herido, dejando la montera frente a la puerta de la enfermería. Fue un acto de respeto, pero también de responsabilidad: la corrida seguía, y alguien tenía que sostenerla.Su faena a ese toro tuvo firmeza y claridad. Entendió pronto que el pitón derecho ofrecía más opciones y por ahí construyó series templadas, con la mano baja, ligando los muletazos con solvencia. Hubo también momentos estimables al natural, en una labor que fue creciendo en intensidad. La plaza, todavía impresionada por la cogida, respondió con entrega. De haber acertado con la espada, los trofeos habrían caído con fuerza. No fue así, y todo quedó en una vuelta al ruedo que, lejos de saber a poco, consolidaba su papel en la tarde.FOTOS: CORTESÍA LANCES MAESTRANZALejos de venirse abajo, Borja Jiménez remató su actuación en el sexto con una de esas faenas que terminan por definir a un torero. Se fue a portagayola, encendiendo los tendidos desde el inicio, y luego, ya en los medios, construyó un trasteo de notable profundidad. El toro, con transmisión, permitió que el diestro desplegara su concepto: tandas ligadas por ambos pitones, temple y una clara voluntad de mando. La Maestranza se puso en pie, consciente de que estaba asistiendo a algo importante. Las dos orejas que paseó no fueron un simple resultado numérico, sino la consecuencia de una actuación completa, sostenida y ambiciosa.Mientras tanto, la cornada de Morante seguía pesando sobre la tarde. Cada información que llegaba desde la enfermería era recibida con atención, como si la corrida se desarrollara en dos planos simultáneos: el del ruedo y el de la incertidumbre médica. Esa dualidad no restó valor a lo sucedido; al contrario, lo intensificó. Porque el triunfo de Borja Jiménez no se produjo al margen de la tragedia, sino en diálogo con ella.En ese equilibrio reside la verdadera dimensión de la corrida. Morante dejó una obra de arte interrumpida por la violencia del toro, recordando que incluso los toreros más inspirados están expuestos al riesgo real. Borja Jiménez, por su parte, no solo aprovechó la oportunidad, sino que la elevó, firmando una actuación que lo sitúa con fuerza en el escalafón. No hay menosprecio en reconocer la gravedad de la cornada ni en subrayar la importancia de su triunfo; ambos hechos se necesitan para entender lo ocurrido.La Maestranza se vació con una sensación compleja, difícil de resumir en un titular. Por un lado, la preocupación por el estado de Morante; por otro, la certeza de haber asistido a la confirmación de un torero llamado a ocupar un lugar relevante. Así son las tardes que permanecen: aquellas en las que el arte y el peligro no se anulan, sino que se entrelazan para ofrecer una verdad más completa. En Sevilla, esa verdad tuvo dos nombres propios y un mismo escenario.Ficha: Lunes, 20 de abril de 2026. Décima de abono. Cartel de no hay billetes. Se lidiaron seis toros de García Jiménez y Olga Jiménez (5º de sobrero), bien presentados y de buen juego. MORANTE DE LA PUEBLA, oreja y herido. BORJA JIMÉNEZ, oreja, vuelta al ruedo y oreja. TOMÁS RUFO, silencio y silencio.Parte facultativo del doctor Mulet. “Herida por asta de toro en margen anal posterior con trayectoria de unos 10 cm, lesionando parcialmente musculatura esfinteriana anal y con perforación en cara posterior de recto de 1.5 cm. Lavado de herida, y reparación de pared rectal y aparato esfinteriano. Drenaje aspirativo en espacio postanal y retro rectal”. Pronóstico: Muy Grave, le impidió continuar la lidia, siendo hospitalizado.The post Borja Jiménez pasea dos orejas en una tarde marcada por la cornada de Morante first appeared on Ovaciones.