Donald Trump genera inquietud entre cristianos y republicanos en Estados Unidos, y preocupa a los votantes debido a su comportamiento y retórica, que alimentan el debate sobre su estabilidad mental.Se cuestiona si es "astuto como un zorro" o simplemente "loco", una última hipótesis que alarma en tiempos de guerra bajo su liderazgo. No es la primera vez que la salud mental de un presidente se pone bajo escrutinio.Años atrás, Joe Biden enfrentó dudas tras un debate fallido contra Trump; Abraham Lincoln padeció depresión, y Ronald Reagan mostró signos de Alzheimer hacia el final de su mandato. Ahora, la preocupación recae en Trump, quien últimamente ha mostrado un comportamiento cada vez más descontrolado. La Casa Blanca defiende firmemente al "genio estable" del presidente, como él mismo se ha definido, pero sus palabras no terminan de convencer. Los demócratas invocaron la enmienda 25 para destituirlo, y estas demandas se intensificaron tras su fuerte ataque al primer papa estadounidense, acompañado de una imagen suya como mesías, que luego fue eliminada de su red social Truth por acusaciones de blasfemia. No solo la oposición detecta un deterioro mental: exgenerales, exdiplomáticos y funcionarios de su primer mandato también expresan temores. Ty Cobb, abogado de la Casa Blanca en ese periodo, calificó a Trump de "loco" y señaló que sus recientes comentarios evidencian "el nivel de su locura". Varios exaliados del movimiento MAGA se sumaron al llamado por la aplicación de la enmienda 25, denunciando un empeoramiento en su estado mental. Candace Owens, exfiel seguidora, lo calificó de "lunático genocida". El extremista de derecha Nicholas Fuentes advirtió que Trump y los republicanos perderán el voto de católicos, musulmanes, electores pacifistas y seguidores de figuras como Tucker Carlson, Alex Jones y Megyn Kelly, aunque reconoció que conservan popularidad en Israel. Dentro del Partido Republicano, crece el malestar tras las críticas de Trump al Papa. El líder republicano en el Senado, John Thune, pidió dejar de lado a la Iglesia, mientras el senador Mike Sounds calificó de inapropiado el ataque directo al pontífice. Esta sorpresa también se siente entre los cristianos estadounidenses, quienes jugaron un papel clave en el regreso de Trump a la Casa Blanca. John Yep, líder de Catholics for Catholics, expresó a The Wall Street Journal su desconcierto y denunció la falta de respeto del presidente hacia la fe que ellos profesan. Este duro reproche podría poner en riesgo las elecciones de medio término para los republicanos, que enfrentan una campaña marcada por la guerra en Irán, la inflación y ahora la fractura con los votantes católicos tras el ataque al papa León XIV.