Crítica de 'Michael' (***): Todo Michael Jackson, salvo su cara oculta

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Como es fácil de prever, la vida y la música de Michael Jackson no caben en una película de un par de horas. Uno de los mayores genios de la música del siglo XX y uno de los tipos más singulares, extraños, maniáticos e irrepetibles del mundo. Todos conocen sus canciones, sus increíbles vídeos promocionales, sus operaciones de nariz y su comportamiento infantil, 'peterpanesco' con polémicas inclinaciones a convertirse en salvador entre comillas del mundo de la infancia. El director Antoine Fuqua, que ha hecho buenas películas principalmente del género de acción, toma la responsabilidad de contar la historia de Michael Jackson, aunque haciendo el 'moonwalker' sobre algunos de los asuntos más polémicos de su vida, como los que atañen a las acusaciones de abuso infantil, de los que, por cierto, fue declarado inocente. Es decir, si algún espectador se acerca a la película con la intención de resolver sus dudas sobre esas acusaciones, no las resolverá, pues no hay ni rastro de ese capítulo de su vida. Y mucho mejor para los amantes de la música de Michael Jackson, pues es la gran protagonista, cosa que no ocurriría si el guion se hubiera metido en acusaciones, defensas y juicios. La historia recoge al Michael niño, ya pieza elemental de los Jackson Five, el grupo que formó con sus hermanos mientras el padre miraba y mandaba. Y ese es el punto polémico de la película de Fuqua, el retrato villanísimo que hace de Joe Jackson, hombre bruto, egoísta y con menos seso que un avestruz . Al padre lo interpreta Colman Domingo, un actor de enorme sensibilidad que aquí sabe guardársela; y al hijo, Jaafar Jackson, sobrino del propio Michael y con un notable y comprensible aire familiar. Y para el papel de niño Jackson se ha encontrado una mina, Juliano Krue Valdi, que es la primera película que hace y en la que absorbe por completo la primera parte con una personalidad y gracia parecida a la de aquel fulanito de nariz ancha, de voz finísima y cabello coliflor que bailaba junto a sus hermanos mayores. Pero hay que centrarse en Jaafar Jackson, que también se estrena en la interpretación y que le da a la pantalla todo lo que es posible dar del talento de su tío: se mueve, habla, baila y muestra sus fragilidades, potencias, heridas y traumas como Michael Jackson. Un jovencito maniatado por el vulgar influjo paterno y que presiente, sabe, que tiene dentro la pincelada de Miguel Angel o la zurda de Messi y una ambición imparable, inevitable, por ser el mejor que ha habido nunca. Y eso lo plasma bien Antoine Fuqua, la inspiración entre divina y cinematográfica para componer unas canciones y un modo de bailarlas, respirarlas y sentirlas imposible de imitar (bien) y por eso tiene un gran mérito lo que hace el sobrino Jaafar, que da mucho más que el pego. Se apunta esa influencia del cine, de Chaplin, de Astaire, de los dibujos animados y de la lectura de Peter Pan en lo que sería el universo de Michael Jackson, que nunca tuvo otros amigos que los animales y peluches con los que convivía, y que preparaba las letras, las músicas y las coreografías con la precisión que un ajedrecista soviético sus partidas. No es una película redonda porque muestra abiertamente sus abolladuras, sus faltas, lo que obvia y lo que maquilla , con algún exceso sentimental, pero copia excelentemente momentos vídeo como los de 'Beat it' o 'Thriller', con los que Jaafar Jackson ganaría todos los concursos de imitadores de Michael.