Esta noticia es una publicación original de Cinemascomics.comHay películas que nacen con la intención de hacerte reír sin filtros, sin complejos y sin pedir perdón, y luego está Balls Up (Con un par), que claramente quiere jugar en esa liga, pero acaba recordando más a una resaca de aquella época dorada que a un verdadero regreso triunfal del humor desatado que popularizó Peter Farrelly junto a su hermano en los años noventa.Un regreso al humor más bruto… con resultados irregularesLa premisa de Balls Up es tan absurda como cabría esperar en una comedia de este estilo: dos trabajadores de una empresa de marketing, interpretados por Mark Wahlberg y Paul Walter Hauser, intentan cerrar un acuerdo delirante durante el Mundial de fútbol en Brasil para convertir un producto tan surrealista como un preservativo de cobertura total en el oficial del torneo.A partir de ahí, todo se desmadra. Una cadena de decisiones absurdas, fiestas descontroladas y momentos de vergüenza ajena desembocan en un escándalo internacional que convierte a los protagonistas en enemigos públicos mientras intentan escapar del país con vida, lo que transforma la película en una mezcla de buddy movie, road movie y comedia de persecución constante.El problema es que, aunque el punto de partida funciona y tiene ese aroma a comedia sin complejos, el desarrollo no siempre está a la altura de lo que promete.Entre la carcajada puntual y el humor que no termina de arrancarDurante los primeros minutos hay destellos de lo que podría haber sido una comedia realmente memorable. Algunas escenas funcionan, ciertos gags conectan y la película logra arrancar risas gracias a situaciones tan exageradas como incómodas, en esa línea de humor físico y provocador que definió clásicos como Dumb and Dumber o Algo pasa con Mary.Sin embargo, conforme avanza la historia, esa chispa inicial se va diluyendo y deja paso a una sensación de repetición, como si la película estuviera constantemente buscando el siguiente chiste sin encontrar nunca el ritmo necesario para mantener la risa de forma sostenida.El guion de Rhett Reese y Paul Wernick, responsables de éxitos como Deadpool, intenta replicar ese equilibrio entre irreverencia y ritmo narrativo, pero aquí se queda en una versión más plana, con momentos divertidos que no terminan de construir una comedia sólida.Dos protagonistas con química… desaprovechadaUno de los puntos más interesantes de Balls Up es la dinámica entre sus protagonistas. Mark Wahlberg juega con su propia imagen y se mueve entre el carisma y la torpeza con bastante soltura, mientras que Paul Walter Hauser demuestra una vez más que es capaz de adaptarse a cualquier registro, incluso en un proyecto que claramente no está a la altura de su talento.La relación entre ambos recuerda por momentos a las grandes parejas cómicas del género, con ese contraste entre el tipo seguro de sí mismo que en realidad no tiene ni idea de lo que hace y el personaje aparentemente más torpe que termina siendo el más sensato.El problema es que la película no explota del todo esa química, dejando la sensación de que había potencial para algo mucho más potente si el material hubiera sido más consistente.Un tono que divide entre nostalgia y agotamientoUno de los grandes debates que plantea Balls Up es si este tipo de comedia sigue funcionando en 2026 tal y como lo hacía hace tres décadas. La película apuesta sin miedo por el humor más provocador, incómodo y a veces directamente excesivo, lo que puede conectar con quienes echan de menos ese estilo sin filtros, pero también puede resultar agotador para otros espectadores que buscan algo más elaborado.Además, el retrato de Brasil como escenario de caos constante y persecuciones no termina de encajar del todo, generando una sensación de exageración que juega en contra de la credibilidad interna de la historia, incluso dentro de su propio tono absurdo.Entre el entretenimiento pasajero y la oportunidad perdidaEn su mejor versión, Balls Up es una comedia gamberra que ofrece momentos puntuales de diversión y que puede funcionar como entretenimiento ligero para una tarde sin demasiadas pretensiones, especialmente si conectas con su humor directo y sin filtros.En su peor versión, es una película que parece construida a base de ideas sueltas, sin una estructura clara que permita que el conjunto funcione como algo más que una sucesión de escenas.Lo más interesante es que, incluso en sus fallos, deja entrever que había una base con potencial, especialmente en su pareja protagonista, que podría haber dado lugar a algo mucho más memorable con un enfoque más afinado.Una comedia que no termina de encontrar su puntoBalls Up intenta recuperar la esencia de la comedia más desatada de los 90, pero se queda a medio camino entre el homenaje y la parodia involuntaria, ofreciendo un resultado irregular que arranca algunas risas, pero que difícilmente se convertirá en un clásico del género.Síguenos en Google News para descubrir cada día las mejores críticas, estrenos y noticias del mundo del cine, las series y la cultura friki.Esta noticia ha sido publicada por Cinemascomics.com