También las plazas tienen memoria. Y la Real Maestranza de Caballería de Sevilla llegó este viernes con el corazón todavía acelerado por lo vivido veinticuatro horas antes con Morante de la Puebla. La tarde histórica del jueves dejó una resaca emocional difícil de digerir, de esas que pesan como una losa sobre lo que viene después. Sevilla seguía mirando hacia atrás mientras intentaba atender lo que tenía delante. Y así es complicado empezar de cero. Se notó desde el primer toro. En el ambiente, en el pulso de los tendidos, en esa sensación de que faltaba una chispa imposible de fabricar. Para colmo, la corrida de Domingo Hernández tampoco acompañó. Desigual de presentación, escasa de raza y falta de transmisión... Ver Más