El oro siempre se ha visto como un valor refugio especialmente en tiempos de volatilidad. La plata, en cambio, es el metal volátil. Durante años, ha experimentado un déficit estructural con una demanda que supera la oferta minera en aproximadamente 166-200 millones de onzas, según cifras de StoneXBullion, uno de los principales distribuidores de metales preciosos . Ese déficit probablemente continuará ya que la relación entre la oferta y la demanda es muy ajustada. Pero a pesar de ello también es cierto que desde que en los últimos meses y especialmente desde que comenzó el 2026, el valor de la plata se ha disparado con respecto a cifras del otoño del año pasado. El pico llegó en enero, con un precio por onza troy que superaba los 100 dólares. Tras ese rally, llegó una fuerte caída hasta el entorno de los 70 dólares y una estabilización con fluctuaciones en el precio. Los inversores están atentos a los movimientos del mercado. El pasado 8 de abril, el oro subió un 3,5% para superar el umbral de los 4.800 dólares, mientras que la plata registró un alza del 6% hasta los 77,64 dólares por onza. No son titulares que escapan a los pequeños inversores. Daniel Marburger, CEO de StoneX Bullion, destaca que el factor para que en la actualidad la plata sea más atractuva que el oro para algunos es que «se encuentra en la confluencia de dos tendencias clave: la demanda como activo refugio y la transición hacia las energías renovables». Este material no se utiliza solamente como joyería sino que también es un excelente conductor y se aplica en usos industriales, por lo que queda en medio de ambos mundos. Para Marbruger, la demanda industrial representa «más del 60% de la demanda de plata en aplicaciones industriales». Nicolas Cracco, CEO de Gold Avenue, destaca ese mismo punto y subraya que en la actualidad «hay menos metal disponible para satisfacer a la demanda» al tiempo que se sigue utilizando «como activo de inversión y en la industria». Es precisamente esa naturaleza volátil la que llama la atención de quienes se decantan por invertir en este material. «Informes recientes han mostrado una fuerte compra minorista, una escasa liquidez en el mercado y un déficit de oferta constante que refuerzan la demanda, incluso en un mercado volátil», destaca Cracco. Las tensiones geopolíticas marcan ahora el ritmo de cualquier inversión, pero como reconoce Cracco «para los inversores en oro y materiales preciosos, eso no se traduce necesariamente en un simple efecto unidireccional». Marbruger indica que una escalada de la crisis energética podría suponer un «desapalancamiento donde los inversores venderían todo» o «una escalada que podría dispara los precios inicialmente». «Una crisis prolongada tiende a generar volatilidad en ambas direcciones» y los inversores deben estar preparados para ello. Pese a esta situación ambos expertos reconocen que hay dos perfiles de inversores. En primer lugar, el que sabe del entorno en el que se mueve y que utiliza la plata como complemento del oro. El segundo, otro atraído por el punto de entrada más bajo que la plata y sus conexiones con la industria, según Cracco de Gold Avenue. El CEO de BulletX añade la incorporación de un nuevo perfil que llega a menudo por primera vez en su vida en ambos metales: «Inversores minoristas. Jóvenes europeos que se han desilusionado con las cuentas de ahorro que ofrecen rendimientos negativos reales». En el caso de España, advierte, «los bienes raíces han sido históricamente la reserva de valor por defecto». Son generaciones que invierten por primera vez en oro y plata. Además, los primeros en actuar en el mercado fueron inversores institucionales y 'family offices' que «comenzaron a acumular oro físico y ETF a partir de 2022 en medio del conflicto de Ucrania y la inflación pospandémica». Nicolas Cracco destaca que «hay razones estructurales por las que la plata se ha mantenido bien respaldada: repetidos déficits de mercado, una demanda de inversión resistente y una oferta que no se ajusta con rapidez». Además, «la demanda industrial se está adaptando a precios más altos». Las proyecciones para 2026 la estiman en un rango entre 80 y 100 dólares por onza, pero los inversores deben saber los riesgos: «Volatilidad, falta de rentabilidad que en un periodo de interés elevado geneneran coste de oportunidad; sorpresas en la oferta o cambios en la demanda industrial». Pese a que el mercado se mueve, Daniel Marburger lanza una advertencia fial: «No es una inversión para hacerse rico rápidamente, sino una cobertura a largo plazo».