Crítica de 'La mujer más rica del mundo' (**): El caso Bettencourt con el desparpajo de Isabelle Huppert

Wait 5 sec.

Sin referencias directas, con nombres y situaciones ficticias, pero la película que dirige Thierry Klifa cuenta de modo evidente la historia de Liliane Bettencourt, heredera de la firma de cosméticos L'Oreal y quien, en efecto, fue la mujer más rica del mundo a comienzos de este siglo. En la película se llama Marianne Farreré y la interpreta Isabelle Huppert , que como siempre borda su trabajo y construye un personaje férreo, caprichoso, divertido y vulnerable. En realidad, el director se centra en la última parte de la vida de Marianne y en su relación extravagante e inexplicable con Pierre Fantin, un fotógrafo palurdo, caradura, gay y tremendamente hábil para entretenerla, 'comprenderla' y sacarle todo el jugo posible. A la hijastra del personaje (Marina Fois), también le saca, pero de quicio, la presencia siempre inoportuna de ese personaje vulgar, descarado y sin gracia que interpreta con mucha gracia Laurent Lafitte. La personalidad de la protagonista y de su protegido, la relación de atracción repulsa entre ellos, es lo más interesante de esta patética historia en la que no abundan los personajes positivos, quizá el marido de ella (André Marcon), un viejo político sereno y sabio, o el novio de Fantin (Mathieu Demy), que también conoce el paño de pana gruesa de su pareja. Y ese pulso entre Isabelle Huppert y Laurent Lafitte por darle lustre a sus personajes se convierte en bocanadas de comicidad por sus provocativas situaciones absurdas que fatigan a la seria familia de Marianne y también, en cierto modo, al espectador, que puede pillarle pronto el lado antipático y chabacano al simpático y estético Fantin. Sobre el caso real en que se inspira esta película, Netflix produjo hace un par de años una miniserie titulada 'El caso Bettencourt': El escándalo de la mujer más rica del mundo', y todo puede encontrarse en archivos de diarios y semanales, pero esta ficción contiene la presencia de Isabelle Huppert, tan dura y a la vez espumosa, tan digna y amoral, que refleja en la pantalla de modo inequívoco y natural que el mundo del dinero y el mundo del muchísimo dinero son cosas muy distintas.