Cuando los jugadores de fútbol bajan del autobús y se incrustan en las entrañas del estadio, portan en modo diadema unos cascos 'vintage' donde se supone que escuchan melodías reguetoneras, o clavan contra su oreja un móvil con el que fingen hablar con alguien, posiblemente con la nada. De ese modo escapan de la estrepitosa hinchada que pretende cazar su autógrafo. La estrella de turno encontró ese truco y el resto, aunque a lo mejor nadie les reclama la firma, emplea el ardid porque en su ecosistema todos se copian. Se tatuó hasta las cejas Beckham y los demás lo imitaron. Un futbolista sin tatuajes es como el infierno con las puertas congeladas. Doña Francisca, también conocida en su pueblo... Ver Más