Durante años, el obradorismo convirtió el rechazo al fracking en una bandera política. Y es que López Obrador prometió en 2018 que su gobierno no usaría esa técnica para extraer petróleo y gas. Más tarde, Claudia Sheinbaum retomó la misma idea en campaña y la dejó por escrito entre sus 100 compromisos.Parecía una promesa escrita sobre piedra para no permitir nunca la explotación de hidrocarburos por fracking. Hoy esa postura comienza a cambiar.LA PROMESAEl fracking consiste en romper roca profunda con agua a muy alta presión y químicos para liberar gas o petróleo atrapado. Suele ser una técnica muy cuestionada por su impacto ambiental.AMLO rechazó el fracking muchas veces. Aunque nunca logró prohibirlo por completo en la ley. Incluso en su sexenio hubo algunos planes aprobados y recursos públicos ligados a proyectos que lo requerían.Ya al final de su gobierno intentó elevar la prohibición a rango constitucional como parte del plan C. Y en agosto de 2024 el dictamen avanzó, pero con una trampa. Se mantuvo la prohibición en general, pero se abrió la puerta a casos excepcionales definidos mediante un comité elegido por el presidente. Al final, esa reforma no se convirtió en ley.EL QUIEBRESheinbaum estaba en contra de este tema. Y es que desde hace más de una década había expresado públicamente su rechazo al fracking.Por eso resultó llamativo su anuncio reciente de formar un grupo de expertos para evaluar el uso de fracking. Aunque, claro, lo hizo con un lenguaje distinto: el aprovechamiento de gas en yacimientos no convencionales. Pero fracking, al final de cuentas.Lo hace para no asumir de frente el cambio de postura y así trasladar la discusión a un comité técnico. De esa forma busca que no se vea como una decisión presidencial unilateral, sino como el resultado de una evaluación especializada.Con ello, Sheinbaum busca repartir el costo político hacia afuera y hacia dentro, donde una parte del obradorismo más duro sigue viendo el fracking como una línea roja.LA DEPENDENCIAHoy México depende del gas natural importado, sobre todo desde Estados Unidos. Esa dependencia va en contra de la narrativa guinda de soberanía energética. El gobierno necesita más gas para generar electricidad y, con ello, sostener la expansión de la industria. Ahí está el choque entre convicción y necesidad.Para defenderse, Sheinbaum sugirió que pueden existir formas menos dañinas de extracción. Pero varias organizaciones ambientales no se comieron el cuento y respondieron de inmediato que no existe un fracking sustentable.Y es que la contradicción es evidente. Por años se condenó el fracking como símbolo del modelo energético del malvado neoliberalismo. Ahora se abre la puerta a discutirlo como herramienta de soberanía energética. El costo de gobernar por consigna suele producir esos choques con la realidad.Aquí está en juego la credibilidad interna de un proyecto político que incorporó el rechazo al fracking como parte de su identidad pública. Pero hoy la promesa de campaña empieza a quedar subordinada a una evaluación técnica. Y el rechazo que antes se expresaba como certeza política ahora entra a una etapa de revisión dentro del propio gobierno.EL DATO INCÓMODOUna investigación de Emeequis reveló que el IMSS prepara gastar 2 millones de pesos en una función de boxeo mientras reconoce que 10% de sus quirófanos no funciona y sigue sin garantizar medicinas. En vez de resolver citas, cirugías y abasto, destina recursos públicos a un espectáculo.The post Fracking del Bienestar first appeared on Ovaciones.