El 10 de abril de 2026, un dron de reconocimiento MQ-4C Triton de la Armada de Estados Unidos activó el código 7700 (señal universal de emergencia en aviación) mientras patrullaba a 52.000 pies sobre el estrecho de Ormuz. Segundos después, la aeronave viró en dirección a territorio iraní y comenzó a descender de forma abrupta. Por debajo de los 10.000 pies, su señal de transpondedor desapareció del radar.El seguimiento lo registró FlightRadar, la plataforma de rastreo aéreo en código abierto. Lo que no se ha registrado es una explicación oficial. A fecha de publicación, ni la Armada ni el Pentágono han confirmado si el dron se estrelló, si fue derribado por un misil iraní o si, contra todo pronóstico, logró regresar a su base. El silencio institucional contrasta con la magnitud de la pérdida potencial.¿Cuánto cuesta exactamente ese silencio? El MQ-4C Triton tiene una envergadura superior a la de un Boeing 737 y un coste por unidad que no ha dejado de crecer desde que Northrop Grumman entregó los primeros aparatos en 2016. Entonces, cada uno salía de fábrica por 122 millones de dólares. Para 2024, el precio había escalado hasta 187 millones, más caro que el P-8 Poseidon tripulado al que se supone que debía complementar.El aparato que debía ser baratoLa historia del Triton arrancó con una premisa atractiva: crear un compañero aéreo de bajo coste para el P-8 Poseidon, el avión de vigilancia marítima estrella de la Armada. El Poseidon, fabricado por Boeing sobre la plataforma del 737, cuesta unos 171 millones de dólares por unidad y opera con una tripulación de nueve personas en misiones de hasta diez horas. Según publica Forbes, la idea era que un dron con 30 horas de autonomía y capacidad de cubrir dos millones de millas cuadradas por vuelo abaratase la vigilancia oceánica.La realidad fue exactamente la contraria. En cada revisión presupuestaria, el coste por unidad subía mientras las previsiones de reducción se incumplían. De 122 millones en 2016 a 134 en 2018, 146 en 2020 y 187 en 2024. El coste bruto alcanzó los 243 millones por aparato. Si se reparte el gasto total del programa (más de 11.000 millones de dólares, incluyendo 6.600 millones solo en desarrollo), cada Triton ha costado al contribuyente estadounidense más de 400 millones de dólares. Por ese dinero, la Armada podría haber adquirido unos 60 Poseidon adicionales en lugar de 27 drones.El Consejo de Supervisión de Requisitos Conjuntos (JROC) reaccionó en 2024 recortando la flota prevista de 70 a 27 unidades, una reducción del 60 %. Con ese número, la Armada solo mantiene tres órbitas de vigilancia operativas: en cada una, un aparato vuela, otro se prepara para relevarlo, un tercero recibe mantenimiento y un cuarto queda como reserva ante pérdidas.Lo que revela sobre el gasto en dronesLa desaparición del Triton sobre Ormuz pone cifras a un problema que recorre todo el gasto militar estadounidense en aeronaves no tripuladas. La ventaja teórica de un dron frente a un avión tripulado es que puede enviarse a zonas hostiles sin arriesgar vidas. Pero esa ventaja se diluye cuando cada pérdida supone más de 200 millones de dólares y la flota es demasiado pequeña para absorber bajas.El contraste con el modelo ucraniano resulta elocuente. Kiev emplea millones de drones FPV que cuestan unos pocos cientos de dólares cada uno y son capaces de destruir un tanque a diez kilómetros de distancia. En el otro extremo, el programa Replicator del Pentágono (lanzado en 2023 con la intención de producir drones en masa a bajo precio) acabó comprando SwitchBlade 600 a más de 70.000 dólares la unidad, cantidades insuficientes para cubrir un frente real.Mientras Washington prepara un presupuesto con decenas de miles de millones destinados a lo que llama "dominación por drones", el incidente del estrecho de Ormuz plantea la pregunta incómoda: ¿de qué sirve un dron prescindible si cuesta más que el avión tripulado al que pretendía sustituir?La respuesta no saldrá del silencio del Pentágono. Saldrá, si acaso, de una revisión radical del modelo de adquisiciones que convierte cada promesa de ahorro en una factura mayor que la anterior.