La Puerta del Príncipe no siempre se cierra con llave. A veces se queda entreabierta. Como esperando. Como sabiendo que alguien ha estado a punto de cruzarla, pero se ha quedado en el umbral. Eso fue lo que ocurrió este sábado de preferia en la Real Maestranza de Sevilla: una puerta que no se abrió, pero que sintió el aliento muy cerca. El de Borja Jiménez. El de Espartinas. Porque hubo una faena —la del cuarto— que tuvo todo lo que Sevilla exige para empujar a un torero hacia lo más alto. Hubo sitio, temple, mando y ese poso que no se improvisa. Pero también hubo espada. Y en Sevilla, la espada manda. Más de lo que a veces se... Ver Más