El calor extremo ya está dejando huella en la evolución animal. Un estudio sugiere que algunas aves modifican sus plumas para enfriarse mejor mirando al cielo expulsando calor hacia el espacio

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Durante años vimos las plumas como herramientas para volar, aislarse del frío o seducir parejas. Ahora surge otra posibilidad mucho más inquietante: que también se estén convirtiendo en sistemas de refrigeración frente a un planeta cada vez más caliente.