El telescopio James Webb analiza el clima extremo de dos exoplanetas rocosos sin aire, revelando contrastes térmicos brutales que cuestionan la habitabilidad en los sistemas solares más comunes de nuestra galaxia.El telescopio James Webb cartografía los exoplanetas del sistema TRAPPIST-1: mundos con hemisferios de día perpetuo y noches de hielo eterno. Imagen: recreación realizada con IA.Investigadores de la Universidad de Berna (UNIBE) y de la Universidad de Ginebra (UNIGE) han logrado, mediante el uso de tecnología infrarroja, diseccionar el comportamiento térmico de dos cuerpos celestes que orbitan la estrella TRAPPIST-1 . El hallazgo principal es una dicotomía geográfica absoluta: una mitad del planeta soporta un calor abrasador mientras la otra se congela en un vacío eterno.Este fenómeno se produce debido a que la rotación de estos cuerpos está sincronizada con su traslación, un efecto de marea que condena a una cara a mirar siempre hacia su sol. Al carecer de una capa gaseosa que transporta el calor de un lado a otro, el equilibrio térmico es inexistente. Los datos recogidos por el telescopio James Webb son tajantes : la diferencia de temperatura entre ambas zonas supera los 500 °C, un indicativo claro de que no hay aire que suavice el clima.El clima extremo en el sistema TRAPPIST-1El análisis exhaustivo de sesenta horas de observación ha permitido confirmar que los exoplanetas byc del sistema TRAPPIST-1 carecen de atmósfera . En su superficie, el mediodía perpetuo alcanza cifras que superan los 200 °C, mientras que el lado oscuro cae a niveles helados por debajo de los -200 °C.These 7 Earth-sized planets were seen by @NASASpitzer around a nearby, ultra-cool dwarf star called TRAPPIST-1: https://t.co/G9tW3cJMnV pic.twitter.com/Z6gvaH96Tz— NASA (@NASA) February 22, 2017Esta ausencia de protección gaseosa se debe probablemente al castigo constante de radiación y partículas que emite su estrella , una enana roja que, pese a su pequeño tamaño, somete a sus satélites a un entorno realmente hostil.Los rostros de dos planetas similares a la TierraLa relevancia científica de este descubrimiento reside en la naturaleza de los objetos estudiados. Estos exoplanetas son considerados gemelos geológicos de nuestro mundo por su sólida composición.Mapas de temperatura calculados para cuatro simulaciones distintas de modelos de circulación general (GCM), junto con un caso de planeta sin atmósfera y de bajo albedo. Imagen: Astronomía de la Naturaleza."El sistema TRAPPIST-1 es fascinante. Siete planetas, algunos con masas similares a la de la Tierra, orbitan la misma estrella. Al menos tres de ellos se encuentran en la zona habitable, donde las temperaturas permitirían la existencia de agua líquida", explica la investigadora Emeline Bolmont, una de las voces principales de esta investigación internacional .Artículo relacionadoEl telescopio James Webb de la NASA permite redefinir la línea divisoria entre los planetas masivos y las estrellasAl igual que la Luna siempre nos muestra el mismo perfil, estos planetas están anclados a su estrella por fuerzas de gravedad masivas. Esto significa que el concepto de "día" y "noche" no depende de la rotación del planeta sobre sí mismo como ocurre aquí, sino de una posición estática. En un lado, el sol nunca se pone; en el otro, las estrellas son las únicas luces en un firmamento de hielo infinito.Desafíos de habitabilidad en el sistema TRAPPIST-1A pesar de los resultados desoladores en los planetas más internos, la comunidad astronómica mantiene una mirada optimista hacia los confines del sistema. La gran pregunta ahora es si los mundos situados un poco más lejos, como el conocido como planeta e, han logrado resistir el bombardeo energético y conservar su aire. Los modelos matemáticos actuales sugieren que el alejamiento de la estrella podría haber permitido la supervivencia de una capa gaseosa, similar a como Venus y la Tierra conservan su atmósfera, mientras que Mercurio es una roca desnuda.La investigación continúa de forma activa, pues detectar aire en uno de estos mundos rocosos es el paso previo para buscar señales químicas de actividad orgánica. Mientras el telescopio espacial James Webb sigue apuntando sus espejos hacia la zona habitable, este estudio confirma que el camino para entender nuestra posición en el universo pasa por comprender estos paisajes extremos. La ciencia está aprendiendo que el parecido físico con nuestro hogar no garantiza, en absoluto, que el clima sea el mismo.Referencia de la noticia: Gillon, M., Ducrot, E., Bell, T.J. et al. No thick atmosphere around TRAPPIST-1 b and c from JWST thermal phase curves. Nat Astron (2026). https://doi.org/10.1038/s41550-026-02806-9