La Comisión Europea evita tomar partido respecto a los beneficios extraordinarios (los llamados beneficios caídos del cielo) que están amasando las compañías energéticas a raíz de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán. Bruselas se resiste a impulsar un mecanismo europeo para gravar las ganancias extraordinarias de estas compañías derivadas del conflicto de Oriente Próximo y del cierre del estrecho de Ormuz, por donde pasaba antes de la crisis el 20% del gas natural licuado y el petróleo para consumo mundial. España, Alemania, Italia, Austria y Portugal reclamaron al Ejecutivo comunitario de Ursula von der Leyen un marco legal sólido para gravar esas rentas inesperadas en el sector, con el objetivo de evitar que el coste de la crisis energética, que ya se está notando en el bolsillo de los ciudadanos, recaiga exclusivamente sobre los consumidores y sobre el erario público. La Comisión, no obstante, es reacia a hacerlo a nivel europeo. En su lugar, el nuevo plan europeo contra la nueva crisis energética deja en manos de los países la puesta en marcha de este tipo de medidas. Seguir leyendo