Minas en el estrecho de Ormuz, el arma casi invisible de Irán que ha puesto en jaque a la armada más poderosa

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Ni el espionaje de élite, ni la inteligencia artificial capaz de procesar un millar de objetivos en el primer día de guerra, ni el despliegue de tres portaaviones estadounidenses han bastado. El músculo del Pentágono y de Israel ha topado en el estrecho de Ormuz con las minas navales iraníes, un arma tan discreta y barata como eficaz. Teherán no necesitó siquiera asumir oficialmente que las plantó en el lecho marino. Le bastó con señalar “zonas de peligro” en este embudo de 167 kilómetros de largo y 33 kilómetros en su parte más angosta. Así taponó durante siete semanas el paso del 20% del crudo mundial, negoció un alto el fuego con Estados Unidos y accedió a reabrir el paso el pasado viernes, aunque con marcha atrás el sábado. Teherán ha conseguido que ya no se plantee sobre la agenda de diálogo el cambio de régimen. Todo eso, sin detonar una sola mina, con la mera sospecha de su presencia.Seguir leyendo