Le ha pedido Álvaro Arbeloa dignidad y compromiso a su equipo en los siete partidos que quedan de Liga, y a ser posible sumar los 21 puntos, y ante el Alavés cumplieron. Sin más. Victoria de mínimos con goles de Mbappé y Vinicius, y a esperar a ver lo que hace el Barcelona este miércoles ante el Celta. Soñar es gratis. Había dos partidos en el Estadio Santiago Bernabéu. El que jugaban Madrid y Alavés por tres puntos, y el de la grada con sus jugadores. Tras la eliminación en Múnich, y la frustrante temporada, segunda en blanco, el madridismo está resignado. Soltó todo lo que tenía dentro ante el Levante, en enero, en una pitada histórica. También mostró su enfado en la victoria contra el Rayo (1-0) en el minuto 100. Los pitos empezaron a convertirse en indiferencia en la derrota ante el Getafe (0-1), el empate contra el Girona (1-1) se asumió con más silencio que pitos, y el discreto partido contra los vitorianos surfeó esa misma ola. Ya no quedan ganas ni de pitar. Vinicius, en los dos primeros balones que recibió, se llevó los silbidos de un sector del Bernabéu, como Mbappé por fallar un mano a mano justo antes del descanso. Y, claro, el gran señalado fue Camavinga, cuando Arbeloa le dio entrada en el 64, pero tampoco fue una bronca para parar rotativas. Como no lo fue la del 2-1 en el 95. Más ruido que nueces. La mejor noticia del partido fue el homenaje a los chavales de la Youth League, que el lunes lograron la segunda Champions juvenil. Pasillo de ambos equipos y aplauso sentido del Bernabéu, siempre ilusionado con las alegrías de la Fábrica. También se llevó una ovación Militao, convertido una vez más en el protagonista triste del Madrid. El brasileño se marchó lesionado en el 45, justo después de un remate al larguero tras un centro de Bellingham. Otro episodio desafortunado del brasileño, que al orientar su cuerpo para realizar el disparo quedó con la pierna izquierda en una postura antinatural. Ni siquiera dio opción al médico de que le explorara sobre el campo. Tras tres años con dos cruzados fastidiados y una rotura muscular grave, ni se lo pensó. Se marchó caminando hacia el banquillo, con el cariño de Vinicius y Arda, y el de los 61.000 aficionados que ayer se dejaron ver por el Bernabéu. Las primeras exploraciones no detectaron nada importante, pero el jugador sintió un calambre en la parte posterior del muslo que le hizo encender el botón rojo del Mundial. Fue una primera mitad de bocadillo de humus en agosto en la orilla del mar. Un Madrid con las ganas justas de agradar y ganar frente a un Alavés cómodo en fase defensiva y con llegadas de cierto peligro a la portería de un Lunin lejos de su mejor nivel, que tuvo la madera como aliado en un disparo de Toni Martínez. Como aliado tuvo Mbappé en el trasero de Jonny Otto. Ahí rebotó un disparo de Kylian en el 30 que abrió el marcador. Gol número 24 en Liga del francés, 41 en total en la temporada. De poco van a servir. Sí sirvió la rápida atención de los médicos en un percance en la curva de la grada baja del fondo sur de la zona de Castellana. Se detuvo el partido un minuto en el 20 por una indisposición de un niño, que afortunadamente no pasó de ahí. Susto con final feliz. El Madrid puso más fútbol y ocasiones en la segunda mitad, ante un Alavés que dejó de creer tras pasar por vestuarios. Alfombra roja para que los blancos cerraran el partido pronto y evitaran despertar al Bernabéu de la anestesia. Fue Vinicius, con un derechazo en el 50, el autor del 2-0. Buen gol del brasileño, que lejos de rebrincarse con la grada, levantó las manos por encima de su cabeza y las juntó para disculparse. Le honra reconocer su lamentable partido en el Allianz. Con el partido solucionado, carrusel de cambios que mandaron a Bellingham al banquillo, sustitución que no gustó al inglés. Recibió el cariño de Arbeloa para calmar su conato de mosqueo. Y una caraja final del Madrid que dio pie a unas cuantas llegadas del Alavés y el gol de Toni Martínez en la prolongación. Ya era tarde. Victoria de mínimos del Madrid.