Es difícil que Iván Romeo pase desapercibido. Ni aquí en Galicia -O Gran Camiño, en la carta ciclista- ni en cualquier otro lugar. Es un corredor con un toque especial, personalidad y con un lector de carreras instalado en el cerebro. Es capaz, cuando se le presenta la ocasión, de destrozar una etapa, de llegar en solitario a la meta y hasta de permitirse el lujo de vacilar, mientras celebra el triunfo, y llegar a la línea de meta silbando, como si hubiese sido un entretenimiento, mucho más fácil de lo complicado que fue.Seguir leyendo....