Hacer match en una aplicación de citas y acabar tonteando con un programa informático es una estafa cada vez más habitual. Para intentar cortar de raíz esta inmensa invasión de perfiles falsos, Tinder usará la identificación biométrica desarrollada directamente por la empresa paralela que actualmente dirige el creador de ChatGPT.El acuerdo filtrado este viernes por Decrypt confirma que la plataforma de contactos exigirá pasar este escáner a los usuarios ubicados en Estados Unidos. Este movimiento coincide exactamente con el lanzamiento de la aplicación independiente World ID, desvinculando por fin este servicio para certificar identidades del inestable mercado de las criptomonedas.De las citas online a blindar videollamadas de trabajo y conciertosSaber que chateas con alguien de carne y hueso recuerda a la comprobación facial que usa ChatGPT para certificar edades. Esta estricta necesidad de control salta al mundo laboral, donde Zoom acaba de integrar un detector de vídeos manipulados por inteligencia artificial que grandes empresas financieras ya están probando en reuniones.Las suplantaciones también amenazan la validez de los contratos legales, motivo que ha empujado a la firma Docusign a exigir este protocolo biométrico para firmar documentos. Paralelamente, la compañía ha lanzado nuevas herramientas para que los creadores de páginas web puedan bloquear los accesos no humanos en sus propios sistemas informáticos.El sector del ocio nocturno y los grandes espectáculos musicales también estrena defensas contra la temida reventa abusiva. Acaban de presentar una plataforma validada por el artista Anderson .Paak que permite a los músicos vender entradas exclusivamente a personas reales, frenando las compras masivas que realizan los programas automatizados en segundos.Toda esta gigantesca infraestructura de control de internet depende obligatoriamente de acercar el ojo a sus conocidos terminales metálicos redondos. Actualmente presumen de tener 18 millones de humanos verificados que están repartidos por 160 países, conformando una brutal base de datos que servirá como llave maestra para usar estos servicios cotidianos.Confirmar quién respira realmente detrás del teclado es un salvavidas urgente ante la inminente explosión de inteligencias artificiales que toman decisiones solas. Los inversores del proyecto aseguran que blindar las redes sociales y los bancos se ha vuelto una prioridad absolutamente crítica para evitar fraudes masivos usando este registro biométrico global.Entregar nuestra información física más sensible a una corporación privada sigue despertando muchísimos recelos legales. Poner este inmenso registro de personas en manos de OpenAI genera bastante desconfianza, especialmente conociendo la cuestionada reputación corporativa que arrastra la firma frente a los organismos reguladores más estrictos que vigilan la privacidad en internet.