El palco no supo ver la grandeza de la tarde…

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El palco no supo ver la grandeza de la tarde. Ni interpretarla. Ni acompañarla. Y así, lo que fue una función de rejones de altos vuelos en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla terminó reducida a un número corto, incapaz de contar la verdad que se estaba escribiendo en el ruedo. Porque lo que hubo fue una corrida de la Familia Capea con el sello de lo que Sevilla exige: bravura con fondo, ese punto de carbón que obliga a cruzarse de verdad y una nobleza que permitió que el toreo a caballo respirara con amplitud. Sobre esa materia viva se construyó una tarde de las que dejan poso: tres lotes de Puerta del Príncipe . Tres. Y solo... Ver Más