La familia de Morante de la Puebla: su mujer Elisabeth, su hijo futbolista y sus hijas pequeñas

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Morante de la Puebla atraviesa uno de los momentos más delicados de su carrera. El diestro permanece ingresado en la UCI del hospital Viamed de Sevilla tras la gravísima cogida sufrida este lunes en la Real Maestranza, una tarde que había arrancado con la expectación habitual de la Feria de Abril y que terminó en shock absoluto. El parte médico no deja lugar a dudas sobre la magnitud del percance: una cornada de 10 centímetros con perforación del recto y afectación del aparato esfinteriano. Una intervención compleja que obligó a actuar de urgencia en la propia enfermería de la plaza antes de su traslado al hospital, donde continúa bajo vigilancia. En medio de esta situación, hay un elemento que no falla: su familia . Discreta, alejada del foco mediático y férrea en los momentos complicados, se ha convertido en el pilar fundamental del torero en estas horas críticas. Si hay una figura clave en la vida de Morante en los últimos años, esa es Elisabeth Garrido. Natural de La Puebla del Río, como él, su historia se remonta a la infancia, aunque no fue hasta años después cuando retomaron el contacto y comenzaron una relación que terminaría consolidándose en matrimonio. Se dieron el 'sí, quiero' el 2 de noviembre de 2010 en una ceremonia civil celebrada en la Hacienda Los Ángeles, en Alcalá de Guadaíra, ante unos 150 invitados. Desde entonces, han construido una vida en común marcada por la discreción, lejos de los focos que inevitablemente rodean al mundo del toro. Elisabeth ha sido, además, un apoyo constante en los momentos más difíciles del diestro, incluyendo etapas personales complicadas que incluso le llevaron a alejarse temporalmente de los ruedos. Juntos, también comparten proyectos como el conocido local 'La Capilla', en su pueblo, reflejo de una vida enraizada en lo cotidiano y lo cercano. Antes de esta etapa, Morante vivió un primer matrimonio con Cynthia Antúnez, con quien se casó en 2005. De esa relación nació su primogénito, José Antonio Morante Jr., hoy uno de sus grandes orgullos. El joven, de 18 años, ha seguido un camino distinto al de su padre, apostando por el fútbol. Actualmente forma parte de la cantera del Real Betis Balompié y ha sido convocado por la selección española sub-18, consolidándose como una de las promesas en su posición. A pesar de no dedicarse al toreo, su vínculo con su padre es estrecho y profundamente emocional. Así lo dejó ver en redes sociales tras la retirada temporal del diestro, cuando escribió: «Bueno llegó el día, hasta aquí ha llegado tu carrera profesional pero se lo mucho que te ha costado llegar hasta donde has llegado y te admiro en cada paso que das y aquí estaré siempre para acompañarte porque eres lo más grande que me ha pasado en la vida. ¡Te quiero mucho guerrero de la vida!». Precisamente, el joven se encontraba en la Maestranza el día de la cogida, viviendo en primera persona uno de los episodios más duros de la carrera de su padre. Fruto de su matrimonio con Elisabeth nacieron sus dos hijas, María y Lola, de 16 y 13 años respectivamente. Ellas representan la faceta más desconocida del torero, la que queda lejos del albero y de los titulares. Aunque han crecido en un entorno mediático por la profesión de su padre, su exposición pública ha sido prácticamente inexistente. La pareja ha optado siempre por preservar su intimidad, manteniéndolas alejadas del foco y priorizando una vida familiar discreta. En este momento especialmente complicado, su entorno más cercano vuelve a convertirse en ese círculo de protección que ha acompañado a Morante a lo largo de los años. Mientras el mundo del toro permanece pendiente de su evolución, su familia se mantiene, como siempre, en un segundo plano, pero más presente que nunca. La trayectoria de Morante de la Puebla no se entiende sin su familia. Desde sus inicios hasta su consolidación como una de las grandes figuras del toreo, su entorno ha sido clave tanto en lo personal como en lo emocional. Ahora, tras una cornada que ha conmocionado al mundo taurino, ese apoyo vuelve a ser determinante. Mientras el diestro permanece ingresado, sedado y «tranquilo, con las molestias típicas», tal y como se ha trasladado desde su entorno, su familia se convierte en su mayor sostén. A la espera de su evolución, todas las miradas están puestas en su recuperación. Pero hay algo que no cambia: el respaldo incondicional de quienes han estado siempre, dentro y fuera de la plaza.