Frente al Centro Cultural de España en México, mientras adentro el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Volker Türk, escuchaba durante hora y media a familiares de personas desaparecidas, afuera decenas de madres y hermanas esperaban con fotografías, mantas y expedientes en las manos. Algunas no pudieron entrar. Otras lograron sentarse frente al funcionario y decirle, sin rodeos, que no querían otra visita diplomática que terminara convertida en un informe más.LEE ADEMÁS: Diputados renuevan el INE con perfiles cercanos a la 4T“¿Cómo quiere que recordemos su visita a México?”, le preguntó Evelina Guzmán, integrante del colectivo Justicia y Esperanza, quien busca a su hermano desaparecido desde hace 15 años en la ruta migrante hacia Estados Unidos.La pregunta atravesó toda la reunión.Porque al final, dijo Evelina, las recomendaciones siempre terminan igual: escritas en un papel, archivadas, mientras las familias siguen buscando solas.“Cuando se habla de migración parece que sólo se piensa en Centroamérica, pero también desaparecen mexicanos. No hay una cifra real porque el gobierno no quiere reconocerla“, dijo frente a Volker Türk.Le habló de las rutas migratorias controladas por el crimen organizado, de la participación de policías municipales, estatales e incluso agentes migratorios, y de las familias que llevan años buscando sin apoyo.Volker Türk respondió que se llevaba “el sentir de las familias”. La frase cayó sobre el salón con una mezcla de esperanza y desencanto. Porque eso era precisamente lo que temían las madres: que una vez más alguien se llevara su dolor, sus palabras y sus lágrimas, mientras ellas se quedaban aquí, frente a las mismas carpetas detenidas, las mismas puertas cerradas y los mismos nombres sin respuesta.Afuera del recinto, una lona con decenas de rostros repetía la misma exigencia: “¿Dónde están?”. Otra mujer sostenía una cartulina con una cifra escrita en rojo: “Alto Comisionado, son más de 134 mil nuestros amados desaparecidos“.El encuentro, organizado en el Centro Cultural de España, reunió a representantes de distintos colectivos, pero dejó fuera a otras familias que denunciaron que nunca fueron notificadas y que se enteraron apenas la noche anterior por redes sociales.“Somos muchísimas familias independientes y colectivos que estamos buscando y no nos dejaron pasar“, reclamó Lucía Guevara, del colectivo Luciérnagas y del Frente Amplio de Familias Buscadoras.Lucía busca a su hermana, Jessica Arely Hernández Guevara, desaparecida el 2 de marzo de 2014 en Zoquitlán, Puebla. Dijo que llegó con la esperanza de entregarle su caso a Volker Türk, pero al llegar le dijeron que no estaba en la lista. Desde hace once años, aseguró, el principal sospechoso ha sido señalado por la familia: el padre de Jessica, Armando Hernández Soto, quien regresó solo después de haber estado con ella y dijo que la joven se había ido. Tiempo después llamó a la familia para pedirles que dejararan de buscarla. Después desapareció él también. Se fue a Monterrey y nunca volvió a ser localizado.“Mi mamá murió hace cinco años sin saber qué pasó con mi hermana“, dijo Lucía. “Y el principal sospechoso sigue sin ser investigado“.Junto a ella estaba otra mujer que tampoco pudo entrar a la reunión. Sostenía la fotografía de su hijo, Luis Óscar Ayala, desaparecido el 16 de septiembre de 2025 en el Ajusco.Desde la banqueta, mientras veía entrar a otros colectivos, contó que lleva siete meses buscando sola.Dijo que la carpeta está llena de omisiones y errores. Que las declaraciones de los testigos no coinciden con las sábanas telefónicas. Que ella misma ha tenido que revisar llamadas, pedir videos y encontrar contradicciones porque la fiscalía no lo hizo.“Nadie nace con un hijo desaparecido”, dijo. “Pero además del dolor, tenemos que soportar que los ministerios públicos nos insulten, nos digan que exageramos o nos traten como si estuviéramos estorbando”.Recordó que los binomios caninos encontraron rastros de que Luis Óscar bajó del Ajusco, pero ahí terminó todo. Nadie siguió buscando. Su automóvil apareció intacto. No hubo más rastros.Dijo que durante meses la fiscalía no quiso entregarle la carpeta. Que cuando finalmente pudo leerla encontró irregularidades, declaraciones incompletas y líneas de investigación nunca agotadas. Sospecha incluso que una de las ministerios públicos estaba coludida con las personas cercanas a su hijo, porque se negaba a solicitar movimientos bancarios, registros telefónicos y otros datos que podían ayudar a encontrarlo.“En Morelos me dicen que vaya a la Ciudad de México y en la Ciudad de México me dicen que no les han mandado nada de Morelos. Todos se pasan la responsabilidad y nadie busca“, reclamó.Contó que vive en Morelos y que su hijo vivía en la Ciudad de México. Cuando acudió a denunciar su desaparición descubrió que las autoridades de un estado no sabían qué estaba haciendo el otro.“Se supone que es un solo país, pero no hay comunicación. El ministerio público me dice que ya mandó el oficio y acá me dicen que nunca llegó. ¿A quién le crees?“, preguntó.La mujer dijo que en el Ajusco todos saben que opera el crimen organizado, pero que ninguna autoridad quiere reconocerlo. Recordó que no hay luz, no hay cámaras, no hay señal telefónica y no hay vigilancia real.“Los policías están recargados viendo el celular. Ahí puede pasar una camioneta con alguien encajuelado y nadie ve nada“, dijo.También reclamó que la desaparición de personas sigue siendo minimizada por las autoridades. Recordó la reunión que algunas madres tuvieron con la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y dijo que el gobierno insiste en reducir las cifras.“El problema es de lesa humanidad. Lo minimizan porque no quieren reconocerlo. Dicen que bajaron los homicidios, pero nunca cuentan a los desaparecidos“, dijo.Mientras afuera se acumulaban los reclamos de quienes no pudieron entrar, adentro Evelina Guzmán hablaba frente a Volker Türk.Busca a su hermano desde hace 15 años. Desapareció cuando intentaba llegar a Estados Unidos. Frente al Alto Comisionado no habló sólo de él, sino de los miles de migrantes desaparecidos que, dijo, el Estado mexicano ni siquiera quiere contar.“Cuando se habla de migración parece que sólo se piensa en Centroamérica, pero también desaparecen mexicanos. No hay una cifra real porque el gobierno no quiere reconocerla“, dijo.Le habló de las rutas migratorias controladas por el crimen organizado. De mexicanos y centroamericanos secuestrados, reclutados o asesinados en el camino. De policías municipales, estatales e incluso agentes migratorios que, aseguró, participan o permiten esas desapariciones.Dijo que el Estado mexicano no ha querido construir un registro real de personas migrantes desaparecidas y que, aunque en 2021 las familias trabajaron lineamientos para el mecanismo de apoyo exterior para búsqueda e investigación de personas migrantes, nunca fueron aplicados.“Todo se queda detenido. Trabajamos, proponemos, construimos mecanismos y al final nadie los pone en marcha“, dijo.Y entonces volvió a la pregunta con la que había llegado a esa reunión.“¿Cómo quiere que recordemos su visita? Porque sabemos que las recomendaciones se quedan en un papel”.Volker Türk guardó silencio unos segundos. Después dijo que se llevaba “el sentir de las familias”.La frase recorrió el salón y también la calle. Porque afuera, donde estaban las madres que no pudieron entrar, el sentimiento seguía ahí: el de las fotografías apretadas contra el pecho, el de los expedientes detenidos, el de las puertas cerradas.Cuando la reunión terminó y Volker Türk salió del Centro Cultural de España acompañado por personal de la ONU y algunos colaboradores, las madres corrieron hacia él. Le extendieron fotografías, hojas con nombres, expedientes y números de teléfono.En medio del tumulto también apareció Humberto Henderson, representante de la oficina de la ONU-DH en México, y entonces vino el reclamo que las familias llevaban años guardando.“Usted nunca nos quiso recibir”, le dijo una de las madres. “Nos prometió que nos iban a llevar a una mesa con el señor Türk y jamás contestaron nuestros correos ni nuestros mensajes“.La mujer le recordó que incluso guardaba los correos y los mensajes de WhatsApp enviados a sus asistentes, todos sin respuesta.“Si no van a ayudar, entonces que no existan aquí. Que no exista una oficina de Derechos Humanos en México”, reclamó. “Porque sentimos que terminan defendiendo más los derechos de los delincuentes y de los perpetradores, mientras nuestros hijos siguen desaparecidos“.Humberto Henderson intentó responder que podían verse al día siguiente, que habría una conferencia de prensa y que su oficina seguía abierta. Pero las madres ya no querían otra promesa.Detrás de ellas, varias seguían levantando las fotografías plastificadas de sus hijos y hermanas desaparecidos, mientras Volker Türk se alejaba con “el sentir de las familias” y ellas se quedaban otra vez sobre la calle, con el dolor intacto.The post “¿Cómo quiere que recordemos su visita?”: familias de desaparecidos llevan sus historias y sus reclamos a Volker Türk first appeared on Ovaciones.