Escribo (en el ordenador, como en las grandes ocasiones) en Baños del Carmen, el lugar en el que leí Retorno a Tipasa, las diez páginas en las que Albert Camus describe el tiempo pasado sobre las ruinas que inspiraron su Bodas en Tipasa. Había celebrado Camus, cuando tenía poco más de veinte años, el azul del Mediterráneo en el que se sumergían él y sus amigos rodeados de ruinas romanas, la gracia y belleza de la juventud que todo lo disculpa, la felicidad espontánea e imprudente, y dejaba una lección principal que luego serviría para mover su mundo y el de sus lectores: hay que vivir sin trascendencia, pero con intensidad. Seguir leyendo