Un año duro en la escena del rock iberoamericano

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A lo largo de 2025, el rock iberoamericano quedó marcado por una secuencia de pérdidas que avanzó mes tras mes y que, al cierre del año, apretó el duelo en un tramo de apenas tres días, cuando murieron Phil Vinall, Tony Méndez, Jorge Martínez y Robe Iniesta.LEE ADEMÁS: Se mantiene la contingencia ambiental regional en el sureste de la CDMXBajo ese telón, la industria del espectáculo midió el tamaño de sus ausencias con fechas puntuales y legados distintos, desde el músico de escenario y el cronista de prensa hasta el productor que moldeó discos y el gestor que sostuvo un foro que funcionó como semillero.A lo largo de 2025, el rock iberoamericano avanzó bajo un pulso irregular, marcado por ausencias que se fueron acumulando conforme avanzaron los meses y que terminaron por configurar uno de los años más duros para la memoria reciente del género.El 5 de marzo se confirmó la muerte de Angélica Infante, cantante, actriz y locutora vinculada al rock mexicano desde una posición atípica, situada entre el escenario y los medios. Su fallecimiento abrió el año del luto con una noticia que removió memorias de una escena diversa y poco documentada, en la que su figura había transitado durante décadas.Poco antes, el 2 de marzo, había muerto Eduardo “Lalo” Toral, tecladista histórico de El Tri. Su partida cerró un ciclo iniciado en los años sesenta, cuando el rock se consolidó como una voz propia con Los Locos del Ritmo. La discreción con la que se conoció su deceso contrastó con el peso de su legado, sostenido en escenarios y grabaciones que marcaron a varias generaciones.El 18 de abril falleció Jaime Rodríguez, exbajista de El Haragán y Cía. Su nombre quedó ligado a la consolidación del rock urbano en los años noventa, una etapa en la que el bajo y la base rítmica definieron un sonido de barrio que todavía resuena en la escena mexicana.Mayo concentró nuevas pérdidas. El 18 murió David Lerma, “El Guadaña”, vocalista de la Banda Bostik, tras años de enfrentar una enfermedad degenerativa que nunca lo alejó del escenario. Cinco días después, el 23, falleció Raúl Zavala, conocido como Atrio Lestat Van Wolf, figura clave del rock gótico nacional. Ambos representaron vertientes distintas, pero complementarias, de una escena construida al margen de la industria dominante.El 16 de junio se confirmó la muerte de Rafael Acosta, baterista fundador de Los Locos del Ritmo y autor de “Tus ojos”, una de las canciones que marcaron el tránsito del rock en inglés al español. Dos días después, el 18, murió Pepe Návar, periodista, promotor y puente entre músicos y públicos, cuya voz había acompañado al rock mexicano desde la palabra escrita y hablada.El verano trajo un respiro breve, interrumpido en agosto por el fallecimiento de Xava Drago, vocalista de Coda, ocurrida el 21 de ese mes. Su despedida resonó con fuerza entre quienes crecieron en los años noventa, cuando el hard rock encontró nuevos públicos y escenarios. El anuncio de un homenaje póstumo confirmó la dimensión colectiva de la pérdida.El 24 de septiembre murió Roberto “Oso” Michorena, bajista fundador de Three Souls in My Mind. A los 83 años, su fallecimiento cerró un capítulo fundacional del rock mexicano, ligado a Avándaro y a los primeros pasos de una contracultura que todavía define al género.El cierre del año concentró el impacto más fuerte. El 8 de diciembre se informó la muerte de Phil Vinall, productor británico radicado en México, responsable de discos clave del rock alternativo con Placebo y Zoé. Un día después, el nueve, la banda Ilegales anunció la muerte de su fundador Jorge Martínez en Oviedo, tras meses de lucha contra el cáncer.Días más tarde se confirmó la muerte de Tony Méndez, músico de Kerigma y responsable de la segunda vida de Rockotitlán, foro decisivo para la escena mexicana. Finalmente, la agencia de Robe Iniesta confirmó la muerte del fundador de Extremoduro, figura central del rock español desde finales de los años ochenta.Leído en orden cronológico, 2025 no fue solo un año de pérdidas individuales, sino una secuencia que mostró cómo el rock iberoamericano se sostuvo durante décadas gracias a músicos, productores, gestores y cronistas que hoy ya no están.Sin embargo, el saldo dejó discos, foros, canciones y memorias como registro tangible de un periodo en el que el género volvió a recordar que su historia también se escribió a partir de despedidas.The post Un año duro en la escena del rock iberoamericano first appeared on Ovaciones.