En los últimos días ha circulado un vídeo grabado en Shenzhen, al sur de China, en el que se ve a un robot humanoide caminando con paso firme junto a dos agentes uniformados durante lo que aparenta ser una patrulla en un área turística muy concurrida, el parque temático Window of the World. La escena tiene ese efecto de “no puede ser real” que suele provocar la robótica cuando sale del laboratorio y se mezcla con la vida cotidiana, como si de pronto un prototipo se colara en la calle igual que un coche camuflado en fase de pruebas.La clave es que, según lo publicado por Interesting Engineering, las autoridades no han presentado esto como un despliegue oficial ni como parte del servicio habitual. Todo apunta a una demostración vinculada a pruebas recientes, más que a una incorporación formal a tareas policiales. Esa matización es importante: ver un robot en una “patrulla” no significa que ya esté tomando decisiones de seguridad pública, sino que se está explorando cómo se comporta en un entorno real, con gente alrededor, ruido, obstáculos, imprevistos y cámaras grabándolo todo.Quién está detrás: EngineAI y su apuesta por humanoides “generalistas”El robot pertenece a EngineAI Robotics Technology, una empresa con base en Shenzhen que, según la información difundida, se fundó en octubre de 2023 y se centra en robots humanoides de propósito general. Ese concepto, “propósito general”, es una etiqueta ambiciosa: no habla de una máquina diseñada para una única tarea (como un robot aspirador), sino de una plataforma capaz de adaptarse a distintos trabajos, desde industria hasta servicios.EngineAI ha presentado varios modelos en poco tiempo, como SE01 y PM01, y sitúa al T800 como su humanoide principal de tamaño completo. La propia compañía lo describe como diseñado y construido “in-house”, es decir, con desarrollo interno, y con vocación de producción en masa. En robótica, ese salto es tan relevante como pasar de cocinar para tu familia a montar una cocina industrial: ya no se trata solo de que funcione, sino de que se pueda fabricar de forma consistente, mantener y actualizar.El T800 por dentro: tamaño, fuerza, autonomía y velocidadEn especificaciones, el EngineAI T800 está pensado para “parecer y moverse” como una persona adulta. Mide alrededor de 1,73 metros y pesa cerca de 75 kg con batería. En la práctica, esto lo hace compatible con espacios diseñados para humanos: puertas, pasillos, escaleras, mostradores y herramientas a escala humana. Es uno de los motivos por los que los humanoides seducen tanto: prometen encajar en el mundo tal como ya existe, sin exigir rediseñarlo todo.Según los datos que se citan, el robot puede cambiar de dirección con rapidez, saltar y realizar movimientos atléticos como patear, y cuenta con sensores en las manos para manipular objetos con mayor precisión. Esto último es crucial, porque la mano es el “talón de Aquiles” de muchos robots: caminar está cada vez más resuelto, pero agarrar objetos variados sin romperlos (o sin que se caigan) sigue siendo difícil. Es como intentar coger una taza caliente con guantes de esquí: puedes hacerlo, pero la sensibilidad lo es todo.En autonomía, se habla de unas cuatro a cinco horas por carga, dependiendo del trabajo. Ese rango encaja con un uso por turnos o demostraciones controladas, pero plantea preguntas logísticas si se pensara en tareas prolongadas: baterías de repuesto, estaciones de carga, planificación de tiempos muertos y protocolos de seguridad.La velocidad máxima que se menciona es de 10,8 km/h, que supera el paso normal de una persona caminando. En una patrulla real, la velocidad no es lo más importante; lo relevante es la estabilidad, la capacidad de detenerse con seguridad, reaccionar a obstáculos y moverse entre multitudes sin riesgo.Inteligencia artificial a bordo y el papel del hardwareEngineAI indica que el T800 funciona con inteligencia artificial, con algunas configuraciones basadas en módulos de procesamiento de Nvidia. Conviene aterrizar qué significa esto sin caer en magia: en estos robots la IA suele combinar percepción (cámaras y sensores para entender el entorno), planificación de movimiento (cómo colocar cada pie sin caerse) y, a veces, interacción básica (seguir órdenes simples, reconocer gestos o voces).Pensarlo como un “cerebro único” puede llevar a malentendidos. Un humanoide moderno se parece más a una banda de música: distintos sistemas especializados coordinándose para que la marcha sea fluida. Si uno falla, el resto tiene que compensar o activar una parada segura. En un contexto policial, esa coordinación y sus límites importan tanto como la espectacularidad del vídeo.¿Por qué un humanoide en seguridad? La promesa y la realidadChina, como otros países, explora desde hace tiempo robots para seguridad, vigilancia, detección de amenazas o desactivación de explosivos. La diferencia es que muchos de esos robots son con ruedas, compactos y diseñados para una tarea concreta. Un robot humanoide cambia la conversación porque se le ve “como un compañero”, y esa apariencia arrastra expectativas: que entienda situaciones sociales, que sepa cuándo intervenir, que distinga una broma de una amenaza.Ahí aparece la tensión. Un humanoide puede ser útil como soporte: transportar equipo, iluminar zonas, llevar sensores adicionales, actuar como presencia disuasoria o servir como plataforma móvil para cámaras y comunicaciones. Pero si se le atribuye un rol de decisión —interpretar conductas, evaluar riesgos, “actuar”— entramos en terreno delicado, porque los errores dejan de ser fallos técnicos y pasan a ser fallos de confianza pública.Una metáfora cotidiana: un robot así puede parecerse a un chaleco multibolsillos con piernas. Puede llevar cosas, registrar datos, ampliar capacidades. El problema llega cuando le pedimos que sea “el agente”, con juicio humano, empatía y responsabilidad legal.Lo que el vídeo no responde: normas, responsabilidad y aceptación socialVer al T800 caminando en un lugar turístico abre preguntas inevitables. ¿Cómo se asegura que el robot no cause daño accidental en una multitud? ¿Qué protocolos de parada existen si se acerca un niño, alguien tropieza o se interpone? ¿Quién responde si falla un sensor o una decisión de navegación? ¿Qué datos recoge y cómo se almacenan? Aunque en este caso se habla de una prueba, estas cuestiones son las que deciden si una tecnología pasa de exhibición a herramienta cotidiana.También está el factor humano. Un robot con estética “de película” puede intimidar. La seguridad pública no solo consiste en presencia; también trata de desescalada, comunicación y proporcionalidad. Si la gente interpreta la máquina como una amenaza, su utilidad puede reducirse o volverse contraproducente. El diseño importa: no es lo mismo un humanoide con apariencia agresiva que uno pensado para asistencia y apoyo, con señales claras de que no está armado y de que opera bajo supervisión.Precio y despliegue: la pista de los 25.000 dólaresSe menciona que los modelos base podrían arrancar en torno a 25.000 dólares. Si esa cifra se materializa en mercado, coloca a estos robots en un rango que organizaciones sí podrían considerar para pilotos, demostraciones o tareas auxiliares. No es “barato”, pero tampoco es ciencia ficción inalcanzable. La cuestión, como siempre, es el coste total: mantenimiento, seguros, formación, actualizaciones de software, recambios, soporte técnico y el tiempo de inactividad.En robótica, el precio de entrada es solo la puerta; lo que sostiene el uso real es la fiabilidad. Un robot que impresiona durante 30 minutos, pero requiere atención constante, se queda en espectáculo. Uno que trabaja sin incidentes, con procedimientos claros, se convierte en herramienta.Qué significa este episodio para 2026La escena de Shenzhen funciona como termómetro: los humanoides ya no están confinados a ferias, laboratorios o vídeos cuidadosamente editados. Están apareciendo en espacios públicos, aunque sea en pruebas. Eso acelera el debate sobre estándares, auditorías, seguridad física, privacidad y supervisión humana.Si algo enseña este caso es que la transición “del laboratorio a la calle” es el verdadero examen. En un entorno controlado, todo sale bien; en la vida real, la gente se cruza, pregunta, se acerca demasiado, se asusta o intenta grabar a medio metro. Ahí es donde se ve si un robot es una promesa madura o un prototipo con buen marketing.La noticia Un robot humanoide “tipo Terminator” acompaña a la policía en Shenzhen: lo que revela sobre la nueva seguridad pública fue publicada originalmente en Wwwhatsnew.com por Natalia Polo.