El presidente Trump anunció con bombo y platillo un programa de construcción de buques de guerra destinado a equiparar a la Armada estadounidense con sus competidores rusos y chinos. Además de que el Pentágono carece de control sobre las armas que pretende desplegar, sus astilleros no podrán comenzar a trabajar en estos buques durante muchos años. Por lo tanto, este anuncio parece ser más bien un ejercicio de relaciones públicas para enmascarar la creciente inferioridad del ejército estadounidense.