Entrelazamiento cuántico para coordinar drones en desastres: la apuesta de Virginia Tech por comunicarse sin red

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Cada vez que enviamos un correo, un mensaje o un paquete de datos, hacemos un pequeño acto de fe: confiamos en que esa información atravesará infraestructuras compartidas, saltará entre antenas, routers y servidores, y llegará sin ser interceptada ni degradada. En condiciones normales, ese “viaje” funciona razonablemente bien. En un incendio forestal, un terremoto o una inundación, esa misma ruta puede convertirse en una carretera cortada: cae la cobertura, se saturan las redes, fallan enlaces inalámbricos o se pierde conectividad por daños físicos.El equipo de Alexander DeRieux, doctorando en Virginia Tech, y el profesor Walid Saad, ha planteado una alternativa poco intuitiva: no “mandar” la información por la red tal como la entendemos, sino apoyarse en una propiedad física llamada entrelazamiento cuántico. La idea, divulgada por Phys.org y atribuida a Virginia Tech, se concretó en un marco de trabajo llamado eQMARL y se difundió en forma de preprint en arXiv (DeRieux y colaboradores, 2024; DOI: 10.48550/arxiv.2405.17486).Qué significa realmente el entrelazamiento cuántico, sin magia ni ciencia ficciónEl entrelazamiento cuántico suele contarse como si fuera un truco: cambias algo aquí y “se entera” instantáneamente algo allá. Para no perdernos, conviene pensar en dos monedas especiales que se han “entrenado juntas”. No son dos monedas normales con cara o cruz, sino dos objetos cuánticos, qubits, que pueden describirse con más riqueza que un simple 0 o 1. Cuando esos qubits están entrelazados, ciertas mediciones y cambios de estado quedan correlacionados de un modo que no se reproduce con sistemas clásicos.DeRieux lo explicaba con una imagen muy física: a escala subatómica nada vibra aislado; las vibraciones y las interacciones “tiran” del vecindario. Esa intuición conecta con lo esencial: el entrelazamiento no es un cable invisible por el que viaja un mensaje tradicional, sino una relación profunda entre estados. Si esto suena abstracto, imagina dos bailarines que aprendieron una coreografía con reglas estrictas: si uno cambia de paso bajo ciertas condiciones, el otro, al ejecutar la rutina, muestra un patrón consistente con ese cambio. No hay un WhatsApp entre ambos; hay una coreografía compartida.eQMARL: cuando la IA aprende en equipo usando canales cuánticosEl núcleo del trabajo es eQMARL (entangled quantum multi-agent reinforcement learning), un enfoque de aprendizaje por refuerzo multiagente en el que varios agentes —por ejemplo, drones de un mismo enjambre— aprenden a cooperar compartiendo señales a través de un planteamiento cuántico basado en entrelazamiento. El contexto que usaron para aterrizarlo es muy concreto: operaciones de emergencia como la lucha contra incendios, donde la cobertura inalámbrica puede fallar justo cuando coordinarse es vital.Según lo reportado, el marco mostró mejoras claras frente a referencias clásicas y frente a enfoques cuánticos que no explotaban el entrelazamiento. Traducido a lenguaje de calle: no se trata solo de “hacer lo mismo más rápido”, sino de entrenar y coordinar decisiones de grupo con una fuente de correlación que, en teoría, permite sortear límites de diseño que aparecen cuando dependes de redes congestionadas o vulnerables.Saad lo enmarca como una pregunta abierta que mucha gente en computación cuántica se hace: la promesa es conocida, pero cómo rediseña de verdad la combinación de IA y comunicación aún no está cerrado. La propuesta de este equipo apunta a algo práctico: un co-diseño donde lo cuántico y lo clásico no compiten, sino que trabajan como un sistema único y coherente.Comunicar sin “pasar por Internet”: por qué esto importa para la ciberseguridadUna de las motivaciones que se repiten en este tipo de investigación es la ciberseguridad. Si un intercambio de información depende del internet público o de enlaces inalámbricos tradicionales, siempre existe superficie de ataque: interceptación, suplantación, interferencias, espionaje de metadatos. El artículo ponía un ejemplo cotidiano y sensible: un hospital que comparte historiales médicos. Evitar que esos datos “viajen” por canales expuestos reduce riesgos, aunque en la práctica la seguridad completa siempre requiere más piezas que un único avance.Aquí conviene afinar expectativas: el entrelazamiento no significa “comunicación gratuita e infalible”. Lo que sí abre es la posibilidad de esquemas donde la coordinación o ciertos aspectos del intercambio se apoyen en propiedades cuánticas, reduciendo dependencia de infraestructuras convencionales en momentos críticos. Es una diferencia parecida a la de llevar dinero en efectivo frente a depender de un datáfono: si el datáfono se queda sin línea, el efectivo salva la compra. No es perfecto para todo, pero cambia el tipo de fallo.Cómo se “mete” información en un qubit: amplitudes, fases y señales compactasUna parte fácil de malinterpretar es la frase “cabe más información en un qubit”. Si lo pensamos como una cajita donde metes más bits, nos equivocamos. La ventaja proviene de que un qubit se describe con parámetros como amplitud y fase, que permiten representar estados de forma más rica que un bit clásico. En el planteamiento descrito, la experiencia del dron —audio, vídeo, sensores— se codifica en un estado cuántico. No es que el dron “envíe un vídeo” como tal a través del entrelazamiento, sino que su estado se actualiza de una manera que, al ser correlacionada, sirve como señal informativa para la coordinación.En el otro extremo, “desempaquetar” esa señal se apoya en procedimientos de física cuántica ya conocidos. Dicho de forma doméstica: no estás mandando una carta con todas las frases; estás ajustando un dial compartido cuya posición tiene significado, y el receptor sabe leerlo dentro de un protocolo.Fotones entrelazados y pruebas en el espacio: del laboratorio a escenarios extremosPara entender el mecanismo, el texto usaba una metáfora simpática: fotones como bolitas que giran. El entrelazamiento, simplificando, se logra haciendo interactuar partículas de manera controlada para que sus propiedades queden correlacionadas. Una vez entrelazadas, cambiar el estado de una tiene consecuencias observables en la otra bajo ciertas mediciones, aunque estén muy separadas.Se menciona que esta posibilidad se probó recientemente en la Estación Espacial Internacional, una pista de por qué el tema entusiasma: si puedes sostener correlaciones cuánticas en condiciones difíciles, se abre el mapa de usos para comunicaciones de largo alcance o entornos hostiles. Aun así, entre una demostración experimental y un sistema desplegable en emergencias hay un salto enorme de ingeniería.El calendario realista: de la promesa a un enjambre de drones operativoDeRieux fue prudente: habló de un horizonte de 10 a 15 años para un despliegue orientado a respuesta ante desastres, al menos en la etapa en que se presentó su investigación. Esa prudencia es valiosa porque pone el foco donde debe estar: no basta con un buen marco matemático; hacen falta dispositivos, fuentes de entrelazamiento robustas, control de ruido, gestión de errores, integración con sistemas clásicos, pruebas en campo y estándares.La miniaturización es otro factor clave que el propio texto resaltaba: pasar de equipos que ocupan salas a formatos más compactos. Es el mismo viaje que hicieron los ordenadores, solo que con obstáculos físicos distintos. Mientras ese hardware madura, es probable que veamos antes aplicaciones híbridas: sistemas donde lo cuántico actúa como una “capa especial” para ciertas tareas, y lo demás sigue apoyado en redes y cómputo tradicionales.Más allá del rescate: IA distribuida, eficiencia energética y coordinación robustaLo interesante de eQMARL es que se presenta como un “libro de instrucciones” para lograr ventajas específicamente cuánticas, no solo aceleraciones. En el texto se sugerían líneas como aprendizaje federado, seguridad de datos, representatividad de datos, compresión de modelos y IA menos intensiva en energía. Si pensamos en un enjambre de drones, cada dron es como un miembro de un equipo de rescate con información parcial: uno ve humo, otro detecta calor, otro escucha. El reto no es solo tener datos, sino llegar a una decisión conjunta sin depender de una torre de comunicaciones que quizá no exista.La lectura práctica es que el entrelazamiento podría convertirse en una herramienta para coordinar equipos distribuidos cuando el entorno castiga los métodos habituales. No sustituye el trabajo de campo ni la logística, pero puede dar un tipo distinto de “pegamento” informativo para sistemas autónomos.La noticia Entrelazamiento cuántico para coordinar drones en desastres: la apuesta de Virginia Tech por comunicarse sin red fue publicada originalmente en Wwwhatsnew.com por Natalia Polo.