Steamboat Willie.Cada cierto tiempo, el dominio público vuelve a ocupar titulares y redes sociales con la promesa de «liberar» personajes icónicos de la cultura popular. Ha ocurrido recientemente con Mickey Mouse, ahora vuelve a ocurrir con Betty Boop y con Pluto, y volverá a pasar en el futuro con nombres tan grandes como Superman o Batman. Sin embargo, detrás de esa aparente sencillez —un personaje entra en dominio público— se esconde una realidad mucho más compleja, llena de matices legales, estrategias empresariales y malentendidos frecuentes. La polémica en torno a Betty Boop, tal y como la explica SafeCreative, es un excelente punto de partida para entender qué significa realmente que un personaje pase al dominio público y qué no significa en absoluto.Este año la primera aparición de Betty Boop en el corto Dizzy Dishes (1930) entra en dominio público en Estados Unidos, como corresponde a cualquier obra publicada ese año bajo la legislación vigente. Esto es un hecho objetivo y automático: no depende de interpretaciones, ni de comunicados empresariales, ni de campañas mediáticas. Sin embargo, la entrada de Betty Boop en el dominio público ha venido acompañada de una estrategia comunicativa muy concreta por parte de los titulares de los derechos, resumida en el lema «Fact Check 2026». Bajo esa etiqueta se insiste en que la Betty Boop que entra en dominio público no es «la auténtica», que se trata de una versión primitiva, sin el diseño icónico que el público reconoce, e incluso sin nombre plenamente definido. El mensaje implícito es claro: cuidado, porque quizá no sea verdad que Betty Boop sea libre.Aquí aparece el primer gran matiz que conviene aclarar. Los derechos de autor no protegen «personajes» en abstracto, como ideas platónicas, sino obras concretas y las expresiones específicas que aparecen en ellas. Cuando Dizzy Dishes entra en dominio público, entra todo lo que contiene: su animación, sus personajes tal y como están dibujados ahí, sus rasgos narrativos y visuales. Que Betty Boop evolucionara después, que su diseño se refinara o que su personalidad se fijara con mayor claridad en obras posteriores, no invalida en absoluto el dominio público de esa primera versión. No hay ningún truco legal ni una excepción escondida: simplemente hay distintas capas históricas de un mismo personaje, y cada una tiene su propio calendario de protección.Betty Boop original.El lema «Fact Check 2026», por tanto, no desmiente el dominio público, sino que intenta desplazar el foco hacia una discusión distinta: la diferencia entre la Betty Boop de 1930 y la Betty Boop «clásica». Y esa diferencia existe, pero no tiene la capacidad de anular un hecho jurídico básico. El dominio público no funciona por reconocimiento popular ni por iconicidad, sino por fechas de publicación. Decir que una versión no es «la verdadera» puede tener valor como argumento comercial o retórico, pero no como barrera legal frente al dominio público.Algo muy similar ocurre con Pluto, el perro de Disney, cuya primera aparición data también de 1930 y que ha pasado a dominio público también este año. De nuevo, lo que queda libre es esa versión concreta del personaje tal y como aparece en sus primeras obras. Pluto evolucionó, cambió de diseño, se integró en un universo narrativo más amplio y acabó convertido en una de las mascotas más reconocibles de Disney. Nada de eso desaparece ni se pierde, pero tampoco sirve para bloquear el acceso a las obras originales cuando su plazo legal expira.El precedente más claro y reciente de todo esto es Mickey Mouse. En 2024, el Mickey de Steamboat Willie (1928) pasó al dominio público. El resultado fue una mezcla de entusiasmo creativo, confusión general y advertencias legales más o menos veladas por parte de Disney. El patrón fue exactamente el mismo: la primera versión de Mickey —en blanco y negro, con un diseño rudimentario y sin muchos de los rasgos que hoy asociamos al personaje— es libre; las versiones posteriores no lo son todavía. Mickey no «se liberó» por completo, pero tampoco siguió totalmente encerrado tras el copyright. Se abrió una puerta concreta, delimitada y perfectamente legal.Algo parecido había ocurrido ya con Félix el Gato, cuyos cortos de los años veinte llevan décadas en dominio público. Félix es un ejemplo interesante porque demuestra que el paso del tiempo normaliza estas situaciones: hoy nadie discute seriamente que se pueda usar al Félix original, aunque su nombre, su imagen comercial y determinadas reinterpretaciones sigan estando controladas por marcas registradas. El mundo no se hunde, las marcas sobreviven y la cultura gana nuevas posibilidades creativas.Aquí conviene introducir una idea clave que resume todo este fenómeno y que ayuda a disipar muchas confusiones: el dominio público no elimina las marcas, pero las marcas no pueden anular el dominio público. Son dos sistemas legales distintos, con finalidades distintas. El copyright protege obras durante un tiempo limitado; las marcas protegen signos distintivos para evitar la confusión del consumidor. Una empresa puede seguir teniendo la marca «Betty Boop» o «Mickey Mouse» registrada y activa, pero eso no le permite impedir que una obra que ha pasado al dominio público sea utilizada creativamente. Lo único que puede exigir es que ese uso no haga creer al público que se trata de un producto oficial o respaldado por la marca.Pluto original.El punto más delicado —y el que suele generar más inseguridad— es la evolución gradual de los personajes. ¿Cuándo deja de ser el mismo personaje? ¿Dónde está la línea entre una versión legítima basada en dominio público y una infracción de derechos posteriores? La respuesta no es automática ni matemática. El derecho funciona aquí como una especie de arqueología: cada rasgo del personaje tiene una fecha de «aparición» y, por tanto, una fecha potencial de liberación. Superman es un buen ejemplo para entender esto mirando al futuro. Su primera aparición en Action Comics nº 1 (1938) entrará en dominio público en 2034. El Superman que se libere entonces no será el dios volador omnipotente que todos conocemos, sino un héroe pulp que salta muy alto, con poderes más limitados y sin gran parte de la mitología que se le añadió después. Volar, la kriptonita, la Fortaleza de la Soledad o ciertos villanos llegaron más tarde y seguirán protegidos hasta que les llegue su turno.Con Batman ocurrirá algo muy parecido a partir de 2035, cuando Detective Comics nº 27 (1939) pase al dominio público. Ese Batman primitivo, cercano al cine negro, sin Robin, sin Batcueva y sin buena parte de su imaginario posterior, será utilizable; el resto seguirá bajo control de DC durante años. En estos casos, como en los anteriores, es posible que haya comunicados, advertencias y campañas destinadas a sembrar dudas, pero el marco legal es el mismo que ya hemos visto con Mickey o Betty Boop.¿Se decide todo esto en los tribunales? A veces sí, pero menos de lo que parece. Existen criterios bastante estables: se analiza si una obra nueva utiliza solo elementos presentes en material de dominio público, si hay una similitud sustancial con versiones todavía protegidas y si el uso del nombre o la estética induce a confusión comercial. Muchas veces basta con esto para que los creadores se autorregulen y para que las empresas prefieran no arriesgarse a un juicio que podría sentar un precedente incómodo.En definitiva, el paso de un personaje al dominio público no es una liberación total ni un espejismo vacío. Es algo real, operativo y jurídicamente sólido, pero también matizado y estratificado. Cada versión cuenta, cada rasgo tiene su historia y cada uso requiere un mínimo de comprensión del contexto legal. La polémica de Betty Boop, el lema «Fact Check 2026», los precedentes de Mickey y Félix el Gato, y los futuros casos de Superman o Batman no son anomalías: son la manifestación natural de un sistema que intenta equilibrar la protección de la creación con el derecho colectivo a reutilizar su propio patrimonio cultural. Entender estos matices no solo evita confusiones, sino que permite apreciar el dominio público como lo que realmente es: una herramienta viva, compleja y esencial para la cultura.____________________________________________________________________________________________ No olvides que puedes seguirnos en Facebook.The post ¿Qué significa realmente que un personaje entre en dominio público? appeared first on La piedra de Sísifo.