Una ingeniera aeroespacial alemana hace historia: Michi Benthaus, primera persona usuaria de silla de ruedas en viajar al espacio

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Michaela “Michi Benthaus”, ingeniera aeroespacial alemana de 33 años, acaba de marcar un hito al convertirse en la primera usuaria de silla de ruedas que viaja al espacio. Lo hizo en un vuelo comercial de Blue Origin a bordo de New Shepard, un sistema diseñado para realizar vuelos suborbitales de corta duración que permiten vivir unos minutos de ingravidez. La misión despegó desde el oeste de Texas el 20 de diciembre y, en apenas unos diez minutos, la cápsula alcanzó y rebasó la línea de Kármán, el umbral que suele utilizarse como frontera entre la atmósfera y el espacio, a unos 100 kilómetros de altitud.La escena posterior al aterrizaje fue tan sencilla como potente: Benthaus salió de la cápsula y, en un vídeo retransmitido, describió la experiencia como “lo más increíble”, animando a no abandonar los sueños. El mensaje emociona, sí, pero su relevancia va más allá de lo inspiracional: su vuelo abre una conversación concreta sobre accesibilidad y diseño en el turismo espacial, un sector que hasta ahora se había asociado más a la exclusividad que a la diversidad.Qué es un vuelo suborbital y por qué importa la línea de KármánPara entender por qué estos vuelos son tan codiciados, conviene imaginar una piedra lanzada con fuerza hacia arriba. Si la lanzas lo bastante alto, sube, se queda “colgando” un instante y cae. Un vuelo suborbital funciona con una lógica parecida: el cohete impulsa la cápsula hasta una altitud que roza el espacio, pero no alcanza la velocidad necesaria para quedarse dando vueltas a la Tierra. Por eso no “orbita”; asciende, cruza el umbral espacial, ofrece unos minutos de microgravedad y regresa.En el caso de New Shepard, esa ventana de ingravidez es el gran atractivo: unos minutos en los que el cuerpo flota y la cabina se convierte en un pequeño “acuario” de humanos moviéndose despacio, como si el aire fuera agua. Es una experiencia breve, pero muy intensa, y también un banco de pruebas práctico para pensar qué cambios hacen falta si el objetivo es que más perfiles de personas puedan participar con seguridad y comodidad.Una carrera y una lesión que cambiaron el guionLo que hace especialmente relevante esta historia es el contraste entre el sueño infantil y el golpe de realidad. Hace siete años, Benthaus sufrió una lesión medular en un accidente de bicicleta de montaña. Dijo que, durante un tiempo, asumió que su discapacidad cerraba definitivamente la puerta a ser astronauta. No es una conclusión caprichosa: durante décadas, la exploración espacial tripulada ha sido un terreno de requisitos físicos estrictos, con muy pocos precedentes que incluyan a personas con discapacidades.Según contó a la agencia Associated Press, incluso sin lesión ya veía el vuelo espacial como algo casi inalcanzable por lo competitivo del sector. En esa frase hay un elemento importante: no se trata solo de “querer”, sino de cómo el sistema —selección, certificaciones médicas, entrenamiento, diseño de vehículos— define quién es “apto” y quién queda fuera. Por eso su presencia en la cápsula no es un simple caso aislado; es una prueba real de que se pueden ajustar procesos y hardware para ampliar posibilidades.El mensaje de LinkedIn que acabó en el despegueHay historias que empiezan como empiezan tantos proyectos hoy: con un mensaje en una red profesional. Benthaus explicó en un vídeo difundido por la propia Blue Origin que escribió por LinkedIn a Hans Koenigsmann, ingeniero aeroespacial y exdirectivo de SpaceX. La pregunta era directa: si alguien con una discapacidad física como la suya podía aspirar a ser astronauta.Koenigsmann contactó con Blue Origin, y el resultado fue mucho más que una respuesta: organizó y patrocinó el viaje, participando también como pasajero. El precio del billete no se hizo público; el New York Times apuntó que la compañía no lo reveló y contextualizó con tarifas de otras empresas del sector, como Virgin Galactic, que se han situado en cifras de cientos de miles de dólares. Ese detalle aterriza la noticia en un punto incómodo pero necesario: el turismo espacial sigue siendo, de momento, un privilegio para pocos. La buena noticia es que la inclusión puede y debe discutirse incluso en industrias nacientes, antes de que sus exclusiones queden “cementadas” por costumbre.Diseño dentro de la cápsula: cuando la accesibilidad es ingenieríaLa accesibilidad no es un eslogan; es un conjunto de decisiones técnicas. Antes del vuelo, Benthaus contó a CNN un plan tan práctico como revelador: pensaba sujetar sus piernas con una correa para evitar que se movieran de forma descontrolada durante la ingravidez. La imagen sirve como metáfora sencilla: en microgravedad, el cuerpo puede comportarse como una cuerda suelta en una habitación sin suelo; si no lo gestionas, puede estorbarte o incomodarte. Ajustar eso con una correa no es “adaptación improvisada”, es una solución razonada para un entorno físico distinto.También hubo modificaciones en el hardware. Según Associated Press, Blue Origin incorporó una plataforma en la cápsula para facilitar el desplazamiento de Benthaus entre la puerta y su asiento. Ese tipo de intervención puede parecer menor, pero en aeronáutica y espacio lo pequeño es grande: cada elemento se diseña para soportar vibraciones, aceleraciones, tolerancias y procedimientos de emergencia. Introducir una plataforma implica validar materiales, fijaciones, peso, comportamiento en distintas fases del vuelo. Es, literalmente, meter la accesibilidad en la ecuación de ingeniería.Quiénes volaron con Benthaus y cómo encaja en la estrategia de Blue OriginLa misión incluyó a otros cuatro pasajeros: Joey Hyde, Neal Milch, Adonis Pouroulis y Jason Stansell, perfiles vinculados a la ciencia, la inversión, el emprendimiento y la informática. El conjunto encaja con el patrón típico del sector: personas con trayectorias destacadas y capacidad económica para acceder a este tipo de experiencias.Blue Origin sostiene que ha ido ampliando el espectro de participantes en sus misiones humanas, incluyendo personas con ceguera o baja visión, dificultades auditivas, diferencias en extremidades o limitaciones de movilidad, según un comunicado de la compañía citado en la cobertura original. En esa línea, la presencia de Benthaus se lee como continuidad de una narrativa: convertir los vuelos suborbitales en una demostración de que el espacio no tiene por qué ser exclusivo desde el punto de vista funcional.En el texto también se recordaba otro vuelo mediático de New Shepard el 14 de abril, promocionado como un vuelo íntegramente femenino, con figuras como Katy Perry, Gayle King y Amanda Nguyễn. Ese tipo de misiones apunta a una estrategia de visibilidad: poner el foco en hitos simbólicos que conecten con audiencias más amplias. La diferencia, en el caso de Benthaus, es que el símbolo va acompañado de cambios de diseño y aprendizajes operativos sobre accesibilidad.Por qué su experiencia puede influir en futuros vuelosBenthaus trabaja en la Agencia Espacial Europea (ESA), y eso introduce un matiz interesante: no es solo una pasajera; es alguien que entiende el lenguaje técnico del sector. En declaraciones recogidas por CNN, señalaba que su experiencia puede ayudar a mejorar futuras misiones para otras personas con discapacidad física. Hay un valor añadido en que la vivencia se traduzca en retroalimentación profesional: qué se siente durante la aceleración, cómo se gestiona el traslado en cabina, qué maniobras resultan complicadas, qué procedimientos conviene ajustar.Si el espacio se quiere parecer a una ciudad moderna, no puede construirse como un edificio sin rampas, ascensores ni señalización clara. Cada nuevo perfil que sube aporta datos para diseñar mejor, del mismo modo que la tecnología cotidiana mejora cuando se prueba con usuarios diversos, no solo con el “usuario promedio” que a veces existe más en un PowerPoint que en la vida real.La noticia Una ingeniera aeroespacial alemana hace historia: Michi Benthaus, primera persona usuaria de silla de ruedas en viajar al espacio fue publicada originalmente en Wwwhatsnew.com por Natalia Polo.