La noticia de la detención de Nicolás Maduro ha sido recibida en Toledo con una mezcla de alivio, emoción y temor. Así vive la comunidad venezolana de Toledo las horas posteriores a la detención de Maduro, arrestado y extraído del país por Estados Unidos, acusado de narcotráfico y terrorismo. A la alegría por lo que consideran el fin de una etapa marcada por la represión y la falta de libertades se suma un miedo inevitable: el de quienes siguen teniendo a su gente al otro lado del Atlántico. Alivio, felicidad, expectación y preocupación conviven desde este sábado por la mañana entre las cerca de doscientas personas venezolanas que residen en la capital regional. «Estamos súper felices, pero también asustados», resume Roosevelt Fernández, portavoz de la comunidad en Toledo. «Es una amalgama de sentimientos: libertad, miedo, incertidumbre, alegría y tristeza, todo junto. Creo que es lo que sienten los venezolanos en cualquier parte del mundo». Fernández, de 29 años, vive en el barrio de Santa Bárbara de Toledo junto a sus padres y sus dos hermanas. Fue el primero en emigrar y, con el tiempo, pudo reagrupar a su familia. Abogado de formación, trabaja actualmente en Leroy Merlin, en el centro comercial La Abadía. España es hoy su hogar, aunque no renuncia a volver algún día a Venezuela, aunque sea de visita. «Nos robaron el futuro, las esperanzas, la vida. Tuvimos que emigrar por persecución y por falta de oportunidades. Ver esta imagen nos devuelve la esperanza; lo sentimos como un logro», afirma. La operación estadounidense, según relatan desde la comunidad, se dirigió a objetivos militares. «Aparentemente no hay bajas. Fue una extracción quirúrgica; los bombardeos se realizaron en zonas sin civiles»», explica Fernández, que asegura que su familia en Venezuela vive fuera de la capital y se encuentra a salvo, aunque reconoce que amigos en Caracas «vivieron en pocas horas una auténtica pesadilla». El impacto del operativo no se limita a quienes viven dentro del país. «Afecta también a los miles de venezolanos que estamos fuera y que tenemos familia allí», subraya el portavoz, que forma parte de la Plataforma Unitaria, donde confluyen los partidos de la oposición venezolana. Desde Madrid —donde se coordinan con dirigentes políticos españoles— hasta Toledo, la comunidad ha mantenido una actividad constante de movilización y denuncia. Y tienen previsto pedir autorización para manifestarse esta semana. No es la primera vez que la causa venezolana toma las calles de la ciudad. En enero de 2025, decenas de personas se concentraron en la plaza de Zocodover para reivindicar la victoria de Edmundo González Urrutia en las elecciones presidenciales del 28 de julio y denunciar que no se respetó la voluntad popular. Aquel acto contó con el respaldo del alcalde de Toledo, Carlos Velázquez, quien mostró su solidaridad con el pueblo venezolano. «España y Europa no se pueden quedar al margen frente a este ataque a la democracia y la libertad que se está viviendo en Venezuela», declaró entonces. Hoy, la sensación es la de una victoria parcial. «Es una batalla ganada, pero no la guerra», advierte Fernández. «Aún quedan piezas clave de la columna vertebral del régimen. Estamos muy contentos, pero sabemos que el camino no ha terminado». Mientras tanto, la comunidad venezolana de Toledo celebra con cautela: «Tenemos la mente aquí, en el extranjero, pero el corazón siempre pertenecerá a Venezuela».