Así puedes calmar las emociones de tus hijos y recuperar rutinas

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No cabe duda de que los pequeños de la casa viven con gran emoción la llegada de los Reyes Magos. Esperan con gran entusiasmo que su lista de regalos se vea cumplida el 6 de enero. Sus expectativas son tan elevadas como su grado de ilusión. Esta anticipación constante en la cuenta atrás y el hecho de poner el foco en los regalos elevan su nivel de activación diaria. Pero, ¿qué ocurre con sus emociones cuando llega el gran día y han visto cumplidos, o no, sus deseos? La respuesta es clave, puesto que cuando esta fecha tan ansiada llega, se cierra de forma abrupta un periodo y supone una vuelta a la normalidad , a los hábitos de siempre, y la mayoría de los niños necesitan un tiempo para reajustarse emocionalmente. Según Jorge Buenavida , psicólogo de Blua de Sanitas , tras esta fecha hay menores que manifiestan cambios en su comportamiento, lo que suscita preocupación en los padres. En vez de encontrarse niños felices y tranquilos por tener nuevos juguetes y haber disfrutado de unas vacaciones escolares, aprecian que ha aumentado su irritabilidad, que tienen rabietas más frecuentes, nerviosismo, apatía ... Estas reacciones no suelen indicar un problema de conducta, sino una dificultad puntual para adaptarse al cierre de un periodo marcado por una alta intensidad emocional y cambios de hábitos o rutinas. En la infancia, la anticipación tiene un peso relevante. «Cuando desaparece de golpe, puede aparecer un descenso del estado de ánimo que se manifiesta en forma de irritabilidad o menor tolerancia a la frustración. Si además existe cansancio acumulado o falta de descanso, la regulación emocional resulta más compleja», explica En todo este proceso, los padres deben tener en cuenta que el tipo de juego y la forma en que se introducen los regalos también influyen en el comportamiento de los pequeños. Y es que, recibir muchos juguetes a la vez, pasar rápidamente de uno a otro o prolongar el tiempo de juego sin pausas puede aumentar la sobreexcitación . Una acumulación excesiva de estímulos dificulta la capacidad del niño para elegir, concentrarse y disfrutar del juego, lo que favorece la frustración cuando la novedad desaparece. En estos casos, las reacciones intensas no responden a una saturación emocional. «Cuando el nivel de activación es elevado -añade Jorge Buenavida-, cualquier límite se vive con mayor intensidad. Por ese motivo, resulta útil anticipar los cambios, acordar tiempos de juego y proponer alternativas más tranquilas cuando aparecen señales de cansancio . Priorizar menos regalos y acompañarlos de tiempo compartido favorece una experiencia más rica desde el punto de vista emocional, ya que el valor del juguete no reside solo en el objeto, sino en la interacción durante el juego», matiza. Por todo ello, es importante que los progenitores se esfuercen en fomentar que los niños comprendan el esfuerzo que hay detrás de los regalos y que desarrollen una percepción ajustada de sus recursos, lo que contribuye a la adquisición de ciertas habilidades emocionales muy útiles como con la gratitud, la espera y la tolerancia a la frustración. «Estos aprendizajes favorecen una mejor regulación emocional en el corto plazo y tienen un impacto positivo en su desarrollo personal y social a largo plazo», advierte Buenavida. Tampoco deben obviar las familias que los niños se encuentran en un periodo de vacaciones escolares y ruptura de rutinas que conlleva a dormir menos horas, modificar los horarios de las comidas o reducir los momentos de calma, lo que afecta al equilibrio emocional . Por ello, la vuelta al colegio y a las obligaciones habituales puede percibirse como una pérdida. En la mayoría de los casos, este proceso de ajuste se resuelve en pocos días, aunque conviene prestar atención cuando el malestar se prolonga, afecta al sueño, interfiere en la vida escolar o se acompaña de ansiedad intensa. En estos casos, una valoración profesional podrá orientar a la familia para volver a la normalidad cuanto antes. En este intento de retomar rutinas de la forma más llevadera posible, los expertos de Sanitas recomiendan algunas pautas sencillas: · Recuperar de forma progresiva los horarios habituales de sueño y comidas. · Incorporar momentos diarios de calma , con actividades tranquilas y sin pantallas. · Acordar tiempos de juego claros y avisar con antelación antes de finalizar cada actividad, incluso estableciendo horarios. · Validar la emoción sin recurrir a castigos y ayudar al niño a poner nombre a lo que siente. · Priorizar espacios de atención compartida que refuercen el vínculo y el aprendizaje emocional. · Mantener expectativas ajustadas en los días posteriores, sin exigir una adaptación inmediata. · Transmitir seguridad a través de la presencia adulta, con mensajes breves y coherentes. · Acompañar el juego para reforzar valores como el cuidado del material, el compartir y el agradecimiento para integrar estos aprendizajes de forma natural en la experiencia diaria.