Después de construir en apenas tres décadas uno de los programas espaciales más activos del planeta, China ha dejado claro que su ambición ya no se limita a la órbita terrestre ni a la Luna. El nuevo objetivo es mucho más profundo: explorar el cosmos en busca de un planeta análogo a la Tierra y responder a una de las grandes preguntas de la ciencia moderna —si nuestro mundo es único o no en el universo—.