Las vacaciones suelen vivirse como el premio del año: el momento de bajar el ritmo, descansar y reencontrarse con quienes más queremos. Sin embargo, aquello que se imagina como un tiempo idílico también puede convertirse en una fuente inesperada de tensiones. La convivencia intensa, la ruptura de rutinas y las expectativas poco realistas suelen ser el caldo de cultivo de conflictos familiares que empañan el descanso.